Alfonso Córdoba

Alfonso “El Brujo” Córdoba (1926 – 2009)

“… mi Chocó tierra de promisión, canta mi corazón…”
El Brujo


La Oda raizal sale de sus labios en medio de un ruidoso comedor del hotel donde lo han hospedado como invitado especial del Festival Petronio Álvarez. “Me contaba mi abuelita, que su abuela le contó, que su abuela le contaba, que su abuela le contó…” canta el Brujo este dancé que aparece en su disco El Brujo y su Timba, tiene la mirada tranquila y mueve sus manos al compás de la melodía. Mientras hablamos de cómo será la presentación de octubre llama a su esposa y le pide que baje unos papeles. Me cuenta de sus canti-cuentos, dice que le encantaría interpretarlos ante un gran público, algo no tan formal, más sencillo… unas guitarras, algo de percusión, que sea acústico. Los canti-cuentos son una de sus joyas más preciadas, las fantásticas historias que por años cantó en algunas ciudades del país están llenas de personajes picarescos, de leyendas del pacífico, de aguas tranquilas… y nosotros tendremos la maravillosa oportunidad de escucharlas en vivo muy pronto. El Brujo sólo detiene su relato para tomarse el tinto ofrecido por el mesero. Llega su esposa y él saca de una carpeta unas copias… sonríe mientras me entrega una hoja y me dice “siéntase afortunada, este es uno de mis tesoros”.

Las hojas son fotocopias de letras de canciones hechas a mano, pero no de cualquier manera. Las manos del Brujo practican la caligrafía desde hace muchos años, arte que se pierde ante tanto lapicero retráctil, computador portátil, palm, etc. La hoja que tengo en mis manos es un objeto único, sus bordes están adornados con delicados trazos, así como sólo los antiguos maestros las hacían. Oda Raizal es una historia de un canto doloroso y real, habla de la explotación a la que fueron sometidas su región y su raza durante la colonización española. “Fue la epopeya de una era de ignominias y maldad, la que ayer vivió mi raza allá en su África ancestral, cuando esos barcos malditos, malditos barcos negreros, sus aldeas desolaron con sadismo criminal, llevándose en sus entrañas al otro lado del mar a esos de mi sangre y raza, a TIERRAS DEL NUNCA JAMÁS”.

Al final de Oda Raizal el Brujo deja que su mirada se pierda en el verde de un árbol que se asoma por la ventana, tal vez sus bisabuelos sufrieron estas ignominias… y ahora, se sufre de otras maneras, con el olvido, con el abandono… sólo reconocido en algunos casos… “Fue este un crimen sin castigo… y sin culpables que al final: muchos judas y pilatos mezclados con los sinceros para lavarse las manos nos dieron la libertad… libertá, libertá… a dónde está esa libertá…” El Brujo muestra estos atropellos modernos a través del arte de los disfraces, otro talento que ha desarrollado por años en Quibdó, pues cada año durante las celebraciones de las Fiestas de San Pacho, el Brujo se encarga de diseñar y elaborar disfraces alusivos a la realidad del país, al cuidado del medio ambiente. Para Quibdó los disfraces del Brujo son toda una leyenda. Los nombres de algunos de éstos hablan por sí solos: El gigante o coloso negro, El cangudrilo, El alto costo de la vida, Los baúles macabros, Grito de libertad, El bagaje de riquezas, Colombia quién te salvará, La paz tiene sed, Suda, obrero suda, Recordando el 22 de agosto, El loro parlanchín, El político, La Gran Colombia. Me cuenta que esta faceta surgió cuando era niño e interactuaba con los disfraceros del barrio La Yesquita, en Quibdó por allá en los años cuarenta. La gente que asiste a las fiestas le agradece con aplausos el hecho de plasmar lo que tal vez muchos piensan pero pocos se atreven a decir.

Este excepcional talento del Pacífico homenajea con la música a la fauna y flora de su región. Con sus cantos al hombre que navega en los ríos, al hombre esclavo, al hombre libre. Con su caligrafía, su filigrana y la talla en madera a esas manifestaciones artísticas que han perdido espacios ante tanta modernidad que dejó a un lado un mundo sutil, pausado. Con sus disfraces a tantas bocas silenciosas que ríen, gozan y piensan con sus creaciones. Todo el arte que encierra el Brujo habla de un tiempo sin tiempo, sin alarmas ni prisas. Un arte para el que se han agotado las horas.

El Brujo era un artista integral, sus prodigiosas manos crecieron y se fortalecieron con el aprendizaje de tantos y tantos oficios. Falleció en Quibdó el 26 de junio de 2009.

Guayacán Orquesta ‎– Que La Sangre Alborota
Género: Latin
Estilo: Salsa, Son
Año: 1987

Chocó – Cantos de río, selva y ciudad
Sello:
Formato: CD, Album
Género: Latin, Folk, World, & Country
Estilo:
Año: 2000

El brujo y su Timba, música del viejo Chocó
Sello: Guana Records ‎
Formato: CD, Album
Género: Latin, Folk, World, & Country
Estilo: Son
Año: 2007

Sobre el autor

La magia creadora de Alfonso Córdoba, el brujo del Chocó
Por: Gloria Castrillón
Tomado de: cromos.elespectador.com

En memoria de Alfonso Córdoba ‘El Brujo’
Por: Redacción Chocó 7 días
Tomado de: www.choco7dias.com

‘El Brujo’, 60 años de cultura chocoana dedicados a Colombia
Por: Victor Hugo Gamba
Tomado de: historico.presidencia.gov.co

1926
Nace el 30 de agosto en Quibdó, Chocó. Su padre, Salomón Córdoba Valencia, además de carpintero doméstico, era palenquero de ribera, de esos que entonaban versos improvisados mientras bogaban por la majestuosidad del río. De él heredó el arte de cantar componiendo y el de tallar la madera y la arcilla; además, lo inspiró para fabricar instrumentos como la marímbula o el carángano; su madre Clara Mosquera era ama de casa, a veces cantaba y vendía frutas.

1934
Su padre Salomón y Cupertino Murillo, un amigo de éste, lo adentran en la música y le transmiten su herencia musical. Eran bogas o palanqueros, “como en ese entonces no existía la radio, el boga, además de navegar río arriba y transportar a las personas, tenía que divertir a sus pasajeros cantándole  improvisados y contando chistes”. A los ocho años integra  coros de escuelas, colegios e iglesias en Quibdó.

1945 – 1947
Viaja y se radica en Barranquilla. Allí aprendió otro de sus artes más representativos: la joyería. Sus maestros fueron italianos. Pudo alternar su labor como orfebre y músico, participando en eventos de aficionado en las emisoras radiales de aquella época.

1950 – 1957
Se consolida como músico en la ciudad de Barranquilla. Funda con Nicolás Ortiz el grupo Los Mayorales del Ritmo. Entre las composiciones creadas durante esa época están: La bomba, Cuando vuelvas a mí, El Negrito Contento, Son Cepillao con Minué, A mí que me importa, Raza negra, etc. Parten a Medellín con el anhelo de grabar un disco.

1960
Para los años 60, cuando integró el conjunto Los Negritos del Ritmo, sale de gira, lo que le permite ser conocido en ciudades como Barranquilla y Cali. Se hacen populares su canto, su manera de moverse y esa risa entre macabra y gozosa que lanza en medio de dos estrofas.

1984
Durante su estadía en Bogotá canta en el centro social La Teja Corrida y Ramón Antigua, lugares de gente culta. En la taberna Mayombé de Amilkar Ayala, la casa folclórica colombiana de Aristarco Perea (Arista Son), en Arte y Cerveza y Quiebra Canto. Graba con La Banda de Alexis doce temas musicales: Mak- Rule, El sábalo,   Volteo a vé, La cadena, La prueba de amor, Caderota.

1986 – 1989
Su canto se caracteriza porque hace alegoría al amor, a la selva, al río y en general al Chocó y sus costumbres. Graba con “Los Brujos del son”, en compañía del vocalista chocoano Napoleón Cossio Mayo: Ya no es la misma, Simón el campesino, Cabaña para dos, Mis hijos, Dos ranas, Qué curvas, Reina mía, Parió la luna.

2000
En una producción de Guana Records graba con el “Trío Atrato”: El negrito contento, Serenata chocoana, La pataleta, entre otros.

2005
Graba con Lucas Silva, del sello Palenque Records, doce temas de su autoría: Emiliano Nicomedes, El cazador, Simón se ahogó, El piloto, La pataleta. Recibe el Premio Artesanías de Colombia como maestro de joyería.

2007
Con la producción de Guana Records graba el disco El Brujo y su Timba, en el cual están presentes los siguientes temas: Azúcar pal café (Brujo), Cuando suena el bombo (A. Lozano), El cazador y el armadillo (Brujo), El dentón sirá (Augusto Lozano A.), Oda raizal (Brujo), Tierra de promisión (Neptolio Córdoba), La ley del talión (Brujo), Limonera (Brujo), Ramita de pichindé (Brujo), Lo que le pasó a Neptolio,  (A. Lozano), Camisola (Brujo), Juan Rumaldo (A. Lozano)

2008
Preparaba un tercer trabajo musical con  Guana Records. Viaja a Cali en agosto como invitado de honor al Festival de música del Pacífico Petronio Álvarez en el que le realizan un homenaje. Regresa a Cali en el mes de octubre como invitado especial por la colonia chocoana a la celebración de las Fiestas de San Pacho y como homenajeado por la 14 Feria del Libro Pacífico que organiza la Universidad del Valle y la Fundación Cámara del Libro del Suroccidente Colombiano.

2009
Fallece en Quibdó el 26 de junio de 2009.