La Navegación

 

La navegación por el Rio Cauca

 

Cuando el 29 de febrero de 1888 los pobladores de las riberas del río Cauca vieron por primera vez la humareda que manaban de los fogones que impulsaban el primer barco que se deslizaba sobre las aguas de la principal arteria fluvial de la región, tuvieron un presentimiento. No se equivocaron. Aquel día muchas cosas comenzaron a cambiar.

El barco a vapor irrumpe en el Valle geográfico del Río Cauca en un momento particular de la historia local: las últimas décadas del siglo XIX. Para esta época Cali continuaba siendo una ciudad atrasada en la que los avances tecnológicos llegaban a cuentagotas, entre ellos, la luz eléctrica a la cual le queda algo más de una década por ser una realidad completa. La región estaba aislada, encerrada entre las cordilleras occidental y Central, que le impedía entre otras cosas comunicarse con otros poblados de la región, con el resto del país y con el Océano Pacífico, es decir, con el mundo.

Para este momento, los principales medios de transporte eran los mulares y caballares, cuando no, las propias espaldas humanas, en tanto que el número de automóviles que habían llegado a la región podían contarse con los dedos de las manos. Ni hablar de las vías de comunicación representadas en rústicos y a menudo topográficamente peligrosos, como el que la unía al valle con Buenaventura. En lo que respecta al río Cauca, sus afluentes habían sido utilizadas por los nativos de la región, de acuerdo a los cronistas, desde antes de la colonia y hasta esta época a través de artesanales y toscas balsas o canoas, que navegaban con carga, sólo río abajo.

Es esta precariedad de los medios de transporte, tanto terrestre como fluvial, los que habían incidido en el atraso de la economía regional. Sacar un producto agrícola del Valle se convertía en toda una odisea, semejante a la que comprendía traer un producto importado desde el puerto de Buenaventura. Es este el principio que alentó la incitativa de impulsar una modernización de los medios de transporte y comunicación y el primer paso se daría a través de los barcos a vapor, los cuales ayudarían a dinamizar la economía intrarregional, en tanto que a su vez, contribuirían a fortalecer la conexión del Valle geográfico del rio Cauca con el mercado mundial.

El origen de los vapores por el río Cauca termina entonces emparentado con una clase empresarial vallecaucana que buscaba despertar a la economía de la región de un difuso letargo. Su modernización sólo devendría del impulso del comercio, el cual dependía de efectivos sistemas de transporte. Si se considera que el ferrocarril y las carreteras son un proyecto aún a mediano plazo, los vapores se convierten en la alternativa más inmediata y accesible con el cual se podría paliar los problemas del aislamiento y atraso económico. Es bajo este telón de fondo, sobre el que aparecieron en escena un grupo de empresarios y comerciantes de la comarca que fueron los que auspiciaron esta gran avanzada.

De acuerdo a Germán Patiño, quizás el investigador que más se ha interesado en la historia de la navegación a vapor en el río Cauca, el motor que impulsó esta idea provino de Carl Hauer simmonds, un aventurero alemán nacido en 1825, que recaló en La Nueva Granada aproximadamente en el año 1848, donde fue reconocido como un comerciante y empresario exitosos, con un gran olfato para los negocios. Simmonds era un hombre visionario y adinerado que tenía una afición especial por las actividades náuticas entre las cuales se reconoce su participación en este campo en ciudades como Cartagena, Santa Marta y Barranquilla.

En 1883, Carlos H. Simmonds contagió de entusiasmo a una serie de comerciantes y gente ilustre y adinerada de Cali, junto a los cuales funda la “Compañía para Navegación a Vapor en el Río Cauca”, en la cual se concentraba muchas de las esperanzas de la región. Esta agremiación contó con cierto apoyo estatal devenido del presidente, el General Julián Trujillo y del Congreso Nacional de la época, que expidió la ley 41 de 21 de julio de 1880, a través de la cual se decretaba la exploración científica del Río Cauca, para verificar su navegabilidad.

El desenlace exitoso del primer vapor, sin embargo, sólo se daría 5 años después de la fundación de la compañía, y estaría sujeta a una serie de inconvenientes que lo pusieron en constante peligro. El primero de ellos devino de la complejidad en que se convirtió conseguir y traer las partes del barco y su correspondiente ensamblaje. Para ello se comisionó al italiano Felipe Crosti, quien importó de California el casco y la armazón de un vapor para armarlo en la región. Con lo que no contó Crosti fue con la inexperiencia del personal que participó en el ensamblaje del barco. El resultado fue calamitoso. El 4 de febrero de 1884, el primer prototipo a vapor llamado “Caldas”, naufragó a causa de fallas en la caldera, echando a perder todo el aparato, y con él, la primera ilusión de este gremio de empresarios.

En esta instancia, el camino se hizo más claro: habría que traer el barco ya armado desde Europa. Ante la indecisión de los accionistas originales, se adhiere al gremio un nuevo socio: Bartolomé Chávez, un rico minero caucano, que aporta el capital que hace falta para importar por medio de A. I. Henry & Company de Londres un vapor fluvial, mandado a fabricar sobre medida, de acuerdo a las condiciones específicas que presentaba el río cauca, en los astilleros “Yarrow´s & Co” de Glasgow.

Este nuevo intento por traer el vapor se habría de retrasar nuevamente, entre otras cosas por la guerra civil de 1885 y las dificultades para traer todas sus partes desde el puerto de Buenaventura hasta el río, surcando la cordillera a lomo de mula y en arneses cargados por hombres fuertes a través de caminos peligrosos y en mal estado. Las partes de este nuevo barco llegaron al río Cauca en 1887 luego de un año de travesía. Sin embargo, sería sólo hasta 1888, cuando se terminó de ensamblar y cuando se hicieron las primeras pruebas que aseguraran que con este nuevo prototipo no habría de repetirse la misma tragedia del “Caldas”. Por fin, el 29 de febrero de 1888, y de la mano de Simmonds, comenzó a flotar el vapor al que se le dio el mismo nombre que el río que recorrería: “Cauca”. Este armazón de hojalata, cuya capacidad no sobrepasaba las 100 toneladas, vino a augurar el advenimiento del progreso y el comienzo de una nueva época para el Valle del Cauca.

La navegación de los vapores en la región se concentró en el Valle medio del río Cauca, entre Puerto Simmonds, en Cali, y puerto Sucre, en Cartago, lugares en dónde la economía vallecaucana era más activa. Cali, por su parte se había ido perfilando como la ciudad más importante a nivel económico además que se esperaba su futura conexión con Buenaventura a través del ferrocarril.

El comienzo de la navegación a vapor por el río Cauca trajo consecuencias significativas para el desarrollo económico haciendo del transporte de mercancías y pasajeros un ejercicio más ágil, asequible y efectivo. El barco a vapor integró muchos de los pueblos del valle que eran serpenteados por el río, alrededor de la intensificación de una serie de relaciones de comerciales. Por el costado oriental vinculó a Cartago, Buga, Tuluá, Palmira, Pradera, Santander de Quilichao; en tanto que por la margen occidental puso en contacto a pueblos como Cali, Vijes, Yotoco, Roldanillo, Hato de Lemos, Toro y Riosucio.

De otro lado, es de resaltar que la navegación a vapor trajo nuevas necesidades y ambiciones: la construcción de vías en los municipios para transportar mercancías hasta el río y atracaderos de madera en los puertos; además esta conquista hace que se comience a acentuar más la necesidad del ferrocarril, de los automóviles y las carreteras. Estos eran necesarios para conectarse con Buenaventura, y para el acarreo de las mercancías que llegaban.

Es importante anotar, de igual manera, las dificultades con las que contó la navegación a vapor. El problema más sustancial lo constituyeron las características mismas del río. Había épocas del año de sequía en el que sus niveles descendían y por lo tanto no era navegable, al menos por barcos grandes, los cuales debían anclar y esperar las lluvias. En el otro extremo, la alta pluviosidad también se convertía en un problema, pues las crecidas del río y sus afluentes creaban lagunas, modificaban los cursos del río y obligaban a dragar, para evitar un encallamiento. De igual manera no faltaron algunas críticas devenidas a menudo de la prensa de la época se hablaba de un servicio costoso e incómodo.

El vapor “Cauca” se naufragó el 23 de julio de 1896, después de 8 años de surcar las aguas del río. El saldo: pérdida total. Inmediatamente se comienza a pensar en traer su reemplazo. A esta iniciativa se unió el gobierno que, luego de la guerra de los mil días, y con la intención de fortalecer la economía golpeada durante este período de crisis, desarrolla a partir de 1905 una política que propendía por el desarrollo de los sistemas de transporte y comunicación. Es a partir de entonces que la navegación a vapor comienza por primera vez a recibir una serie de subvenciones estatales, de las cuales se beneficiarían entre otras la “Compañía de Navegación a vapor por el Cauca”, fundada en 1904 por 36 accionistas, los cuales pusieron en circulación el vapor “Sucre”.

El transporte a vapor por el río Cauca se vio fortalecido además por el auge de las exportaciones cafeteras que provenían del Viejo Caldas, en la misma medida en que el café comienza a adquirir un rol destacado en la economía nacional. Esta se volvió una empresa rentable y atractiva para los inversionistas, de manera que creció hasta que hacia 1910, sobre las aguas del río Cauca navegaban ya 3 vapores de 59 toneladas y se constituyeron 6 empresas de navegación que en total tenían una flota de 15 buques para el transporte de pasajeros y carga.

Otro elemento que impulsó la navegación a vapor sería la llegada en 1915 del ferrocarril a Cali, pues se convirtió en el canal más efectivo para sacar desde la creciente zona cafetera el café que buscaba la salida por el puerto de Buenaventura. A la vez que era a través de este medio de comunicación que se repartía mucho de la mercancía que se importaba del extranjero. Fue de esta manera como los vapores que recorrían el cauca se fueron convirtiendo hacia las primeras décadas del siglo XX en la más importante vía de transporte del Occidente colombiano, y en el complemento ideal del ferrocarril.

La navegación a vapor del río cauca como empresa fue fortaleciéndose paulatinamente durante las primeras décadas del siglo XX. Es así como para 1929, de acuerdo al historiador Alonso Valencia Llano, la ” ‘Compañía de Navegación del Río Cauca’ contaba con los vapores ‘Cabal’, ‘Ricaurte’ y el ‘Sucre’, de 59 toneladas cada uno. La ‘Empresa de Vapores Pinzón y Compañía’, con el Cali de 75 toneladas, el ‘Ceilán’ y el ‘Danubio’ de 70, el ‘Manizales’ de 80, el ‘Palmira’ de 110, el ‘Santander’ de 46 y el ‘San Julián’ de 33. La ‘Naviera del Cauca’, con el ‘Mercedes’ de 200 toneladas. Don Alfonso Vallejo G. con el ‘Armenia’ de 80 toneladas y con el ‘Calarcá’ de 50. ‘Garcés Patiño y Cia.’ con el ‘Pereira’ de 69 toneladas y la ‘Compañía Marina del Río Cauca’ con ‘El Valle’ de 32 toneladas”.

Su decrecimiento, y su posterior extinción, de acuerdo al historiador Alonso Valencia Llano, comienzan a partir de 1923, y coincide con la llegada del ferrocarril del Pacífico a Cartago, el cual ofrece otras posibilidades de transportar carga y pasajeros hasta Buenaventura, sin la necesidad de pasar por Cali. La diferencia se tradujo en menores costos y complicaciones por los trasbordos. El golpe final a los vapores lo propinaría hacia el comienzo de la década de los treinta la construcción de la Carretera Central del Valle que articuló a las ciudades de la región.

 

Bibliografía

  • Patiño, Germán. Herr Simmonds y el primer viaje a vapor por el “Cauca”. En: Herr Simmonds y otras historias del Valle del Cauca. Corporación Universitaria Autónoma de Occidente. Cali, 1992.
  • Valencia Llano, Alonso. La Navegación a Vapor por el Río Cauca. Revista Historia y Espacio. Fascículo 23.

 

Imágenes

  • Archivo de Patrimonio Fílmico y Fotográfico del Valle del Cauca.

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