Eustaquio Palacios

Eustaquio Palacios (1830-1898)

Eustaquio Palacios nació en Roldanillo, Valle del Cauca, el 17 de febrero de 1830, en el seno de una familia que ostentaba título de nobleza aunque carecía de modo económico.  Su padre fue Juan José Palacios y su madre fue doña María Rosa Quintero Príncipe, descendiente del Capitán Alonso Quintero Príncipe, cuya familia llegó a América procedente de Palos de Moguer, con la expedición que inició Pizarro por la conquista del Tahuantinsuyo inca. Según Raúl Silva Holguín, biógrafo de Palacios, los Quintero Príncipe llegaron al Valle del Cauca comandados por Sebastián de Belalcázar y contrajeron matrimonio con señoritas de noble estirpe.  Esta genealogía fue narrada por el propio Palacios en una autobiografía, cuya escritura está rodeada de un inmenso halo de leyenda. No es raro para la época que las familias se atribuyeran genealogías de nobleza hispana, pues ésa es una de las grandes características que heredó la sociedad republicana de la colonial. Tuvo siete hermanos: Serafín, Juana Francisca, Patricia, José María (este se llamó primero Abelardo, y en la confirmación, le cambió el nombre el obispo Cuero), Josefa, Sebastián y Hermógenes.

En la obra de Eustaquio se evidencia el foco siempre hispanista con que aborda la realidad y con el que construye sus mundos de ficción.  Sus escritos periodísticos, casi todos publicados en su semanario ‘El Ferrocarril del Cauca’, reflejan su gran adhesión al dogma católico, la moral y la idiosincrasia del proyecto Heleno-Católico del partido conservador, aunque fue reconocido como un liberal moderado.

Creció en una casa alejada a cuatro cuadras de la plaza central, donde “solo había un vecino y éste era un herrero negro llamado Ramón, casado con una india, y tenían muchas hijas” (1).  A su padre le tuvo más temor que cariño, porque al parecer practicaba y hacía practicar con estricta literalidad el manual de Carreño.  Durante su infancia, una tía lo premió, por alguna monada, con unos centavos que Eustaquio usó para comprarse un cuaderno. Luego, sin decir nada a nadie, cruzó la calle y entró en la única escuela que existía en el pueblo y ahí comenzó a estudiar. De todos los estudiantes él era el menor porque la escuela era una invención relativamente nueva. Todos celebraron el acto del niño: ahí aprendió a leer y a escribir y salió recitando de memoria “Los Derechos del Hombre y el Ciudadano”, “La Historia Sagrada de Henry” y “Las Máximas republicanas” bases de la educación de la incipiente república que se fundamentaba en la ética y la moral, las buenas costumbres y el patriotismo.  Eustaquio fue un buen hijo de su tiempo, sin rebeldía alguna, cuyo único cuestionamiento al statu quo no fue ni siquiera cuando el premio del Himno Nacional fue otorgado al mismo organizador, el presidente de la república Rafael Núñez, sino cuando el gobierno liberal decretó la extinción de bienes a la iglesia.  En 1870, Eustaquio Palacios, como presiente del consejo municipal de Cali, expidió un decreto para que el gobierno central entregara a la municipalidad el convento de San Joaquín adscrito a la orden franciscana, con el fin de destinarlo a la beneficencia.

Por las dificultades económicas, su padre vendió la casa en que creció. A partir de entonces, la ausencia de su padre y el amor incondicional de su madre se convierten en el leit-motiv de su vida, pues todo parece indicar que las dificultades económicas los estrangulaban. Su padre se iba constantemente a la hacienda de su hermano, llamada ‘La Negra’, quien tenía mucho más modo, pero vivía retirado en ella.  Cuando su padre mandaba por él, siempre le dolía dejar a su madre, quien sentía un aprecio especial por el joven letrado. En la hacienda conoció la vida de los esclavos, de los cuales dice: “estos se pasan una vida agradable y lo tienen todo, menos la libertad; trabajan poco y tienen permiso para hacer sus labranzas, crían marranos. Yo viví como un año en esta haciendo y jamás vi tratar mal a un esclavo” (2). En la hacienda ‘La Negra’ mantenía con su tío Santiago Palacios, quien no tenía educación, pero tenía “muchas luces y muchos libros”, y se la pasaba jugando con su primo Teodomiro, quien bien pudiera ser mulato, pues de la tía nunca se dice nada.

Es muy probable que sus dos más importantes obras hayan salido de sus experiencias de esta época, ya que los dramas centrales de aquellas se encuentran en estos sucesos.  “Esneda o amor de madre” (1874), poema épico con el que ganaría el premio de la revista literaria La Estrella de Chile, de Santiago de Chile, que trata de una madre que sacrifica la vida eterna por su hijo. La protagonista muere antes que su pobre hijo y por ello, al encontrarse en el paraíso más maravilloso con Dios, le suplica que a cambio de su salvación le deje bajar a criar a su pequeño o que de lo contrario lo deje subir ya al cielo para que no sea un huérfano. Dios, en su inmensa misericordia se compadece de ella y le devuelve la vida. Así, finalmente, Esneda muere tiempo después al lado de su hijo, cuando los indios calimas y Calotos, su tribu, consumen una venganza por su traición: ella se ha casado con un conquistador español, Luis de Mendoza.  Este la salvó de las garras de otros blancos, quienes por su belleza la tenían acorralada para violarla y matarla.  La calima recibe como nombre cristiano Esneda y tiene un hijo con el español.  Ella solo le pide seguir viviendo en el bosque, cerca del río Aguacatal, hoy Santa Rita, lejos de la ruindad de los otros blancos.  Pero Mendoza tiene enemigos, quienes logran enviarlo a la guerra contra los Pijaos, donde muere atravesado por una lanza del gran cacique Calarcá. La narración es amena y contiene elementos dignos de una investigación seria, sobre todo en lo que concierne a los sucesos de la guerra de los Pijaos y los calima.  No obstante, en general, su foco es hispanista y propagandístico de la doctrina cristiana.

El joven Eustaquio conoció a Fray Mariano Bernal en un paraje solitario donde acostumbraba cazar pájaros por diversión. A Fray Mariano le pareció un mensaje celeste la aparición de este muchacho tan adelantado y lo llevó consigo a Cali al convento de San Francisco.  Durante su primera conversación es que Eustaquio cuenta su infancia, y es esta narración la que aparece como autobiografía en la biblioteca virtual Luis Ángel Arango.

Es imposible dar fe de la autenticidad del documento o de lo que ahí se narra; no obstante es el único documento validado por la tradición histórica para hablar de la infancia de Eustaquio Palacios. Después de pedir el respectivo permiso a su madre, Eustaquio volvió a Cali, aunque ya no como un paje esclavizado, como la primera vez, o como el instructor de algún hacendado borracho, como le ocurrió en Cartago, sino como un seminarista. Hizo todos sus estudios y fue reconocido por sus dotes especiales, hasta que apareció Juana Francisca Mesa, habitante del barrio San Antonio, donde se llevaba a cabo la costumbre diaria del Pan de San Antonio, en conmemoración del antiguo santo canonizado por Gregorio IX, que dio toda su fortuna a los pobres. La costumbre consistía en recoger pan de casa en casa para llevarlo después a los pobres. Una mañana, mientras el joven hacía su labor, una joven se le acercó y le dejó una canasta de pan. No fue su solidaridad lo que embelezó al mancebo, sino “sus hermosos ojos, su abundante cabellera negra y sus blancos y torneados brazos”, según lo cuenta el biógrafo Raúl Holguín (45).

Se casó en 1856, un año antes de la muerte de su madre y pasó cinco años dedicado a su familia, al margen de los conflictos políticos del país. Era considerado -o se consideraba un liberal moderado, como Rafael Núñez- y sus copartidarios lo tildaron por eso de cobarde. En 1863 se lanzó para ser consejero de la ciudad de Cali, “presionado por sus amigos íntimos” según dice Holguín (51), para ser luego electo presidente del cabildo caleño. De su gobierno, su biógrafo dice las siguientes palabras: “la voz del pueblo es la voz de Dios, cierto es en parte, mas no debemos olvidar que el pueblo sufre de amnesia y lo que hoy adora, mañana lo vapula y lo destruye” (52). En  1866 es nombrado rector del Colegio Santa Librada. Fue profesor de español, latín, italiano, geografía y filosofía. Escribió tres cartillas educativas que se utilizarían en todo el país e incluso en otros países latinoamericanos: “Oraciones Latinas”, “Lecciones de Literatura” y su famosa “Gramática Castellana”, todos tres editados por él mismo en su imprenta fundada en 1860.

En 1870 funda el semanario ‘El Ferrocarril del Cauca’, periódico noticioso y literario en el que publicó toda su producción moral, dedicada a la comunidad educativa. Sin embargo, el periódico estaba destinado a presionar al gobierno para que continuara la construcción del ferrocarril que uniría Buenaventura y Cali. Su periódico funcionó aún después de su muerte de la mano del doctor Zenón Fabio Lemos y después de su hijo Rafael Palacios, hasta 1898.

En 1886, publica ‘El Alférez Real’, novela que cuenta la historia de un idilio imposible entre doña Inés y el instructor de sus primos, el joven Daniel, un huérfano.  La narración desarrolla tres tramas amorosas que finalmente convergen en la resolución del amor entre la doña y el huérfano sin abolengo. En comparación con ‘María’, el lenguaje de ‘El Alférez Real’ es artificioso y erudito. Mientras que Isaacs es más resuelto y se expresa con mucha más naturalidad y frescura en sus construcciones literarias, Palacios sigue el patrón de las crónicas de indias y la tradición latina. En la trama de la novela aparece el conflicto muy contemporáneo de la esclavitud; sobre el asunto, el propio Daniel opina que los negros están bien como están, igual que el propio Palacios opina en su autobiografía.

Para el septuagésimo sexto aniversario de la absoluta independencia de Cartagena (11 de noviembre de 1887), el entonces presidente de la república, Rafael Núñez, promocionó junto con don José Domingo Torres un concurso para escribir el himno a la república. Eustaquio Palacios y Jorge Isaacs enviaron sus propuestas, pero ganó el mismo presidente de la República quien un año más tarde la oficializó.

El martes 6 de febrero de 1898, el doctor Palacios conversaba con sus contertulios de siempre, don Evaristo García y don Zenón Fabio Lemos, en el salón de su casa.  Al final de la noche los acompañó a la salida y minutos después, la sirvienta de casa, una niña, oyó que el doctor la llamaba con un tono ininteligible. Cuando acudió, lo encontró boca abajo, con la abolladura de la caída en la frente. Sus cenizas fueron depositadas primero en el convento de La Merced y luego exhumadas para ser perennemente guardadas en el convento de San Joaquín, lugar en el que, según el doctor Oscar Scarpetta, nacieron todas las virtudes de su corazón.

 

Notas

(1) SILVA HOLGUÍN, Raúl.  “Eustaquio Palacios de su vida y su obra”. Ed. Feriva, 1972

(2) Idem, 30

 

Novela
El Alférez Real. Editorial Bedout (Edición, 1974).1886

Poesía
Esneda o amor de madre. 1874

Pedagogía
Oraciones Latinas. 1866
Lecciones de Literatura y Gramática Castellana. 1866

 

Lecciones de Literatura y Gramática Castellana (Pedagogía)
Primera edición
1866

 

 

 

 

Oraciones Latinas (Pedagogía)
Primera edición
1866

 

 

 

 

Esneda o amor de madre (Poesía)
Primera edición
1874

 

 

 

 

 

El Alférez Real (Novela)
Editorial Bedout
1974

Novela titular de la literatura colombiana. En ella el autor retrata la sociedad caleña del siglo XIX. A través de sus páginas el lector encontrará una historia de amor y desengaños similar a la presentada en María de Jorge Isaacs. El alférez real retrata la sociedad de su tiempo: sus penas, soledades y conflictos.

 

Autobiografía
Por: Eustaquio Palacios
Publicada por: Banco de la República, Actividad Cultural
Tomado de: Banco de la República, Actividad Cultural

 

José Eustaquio Palacios
Por: Colombia Aprende, la Red del Conocimiento
Tomado de: Colombia Aprende

¿Quién es José Eustaquio Palacios?
Por: Ministerio de Educación
Tomado de: Ministerio de Educación

Se cumplen 130 años de ‘El Alférez Real’, la novela que explica la Cali de hoy
Por: Santiago Cruz Hoyos
Fecha: Febrero 07 de 2016
Tomado de: Periódico El País, Entretenimiento, Cultura

 

1830
Nace Eustaquio Palacios en Roldanillo.

1835
Entra a la escuela por voluntad propia.

1839
Entra al seminario de Franciscanos en Cali.

1842
Muere su padre el 29 de junio de hidropesía.

1852
Se gradúa el 3 de julio en Popayán de abogado.

1856
Matrimonio con Juana Francisca Mesa.

1857
Muere su madre Doña María Rosa Quintero Príncipe.

1860
Funda su pequeña imprenta ubicada en la calle entre 4ª y 5ª. Esta casa fue destruida por las llamas el 20 de mayo de 1963.

1862
Se postula como concejal de Cali.

1863
El doctor Palacios sale electo Presidente del Cabildo caleño.

1866
Asume la rectoría del Colegio de Santa Librada. Durante esta época edita sus cartillas educativas ‘Oraciones Latinas’, ‘Lecciones de Literatura’ y ‘Gramática Castellana’.

1870
Envía una solicitud al congreso de la república para que el convento de San Joaquín y en general el complejo franciscano sea entregado a la municipalidad para actividades de beneficencia.

1874
Gana el premio otorgado por la revista de Santiago ‘La Estrella de Chile’, por su poema épico ‘Esneda o amor de madre’.

1878
Funda el periódico El Ferrocarril del Cauca, el cual dirigió hasta su muerte y en donde publicó todo su pensamiento. Ahí aparecieron sus Sonetos Heroicos, su fábula El canario y el gato, sus discursos, apologías y crónicas, etc.

1886
Publica El Alférez Real, su obra más reconocida.

1887
Escribe y envía a concursar su propuesta de himno Nacional.

1898
Muere en su casa por causa de una enfermedad que lo acosó toda la vida.

 

One Review for Eustaquio Palacios

  1. Buen Día. ¿Donde puedo adquirir la obra Esneda o amor de madre?

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