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04

Enero de 2016

VII - Una entrevista y dos reseñas - Entrevista con Mikeas Sanchez

ENTREVISTA CON MIKEAS SÁNCHEZ

Antonio Durán Ruiz

 

 

 

 

Una noche de octubre, Mikeas Sánchez, poeta zoque, originaria de Chapultenago, accedió amablemente a una charla en un café de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Sencilla, natural, de mirada limpia, respondió con frescura a las preguntas que le formulé. Recién llegaba de Copainalá y volvía esa misma noche. Mi interés se hallaba en una danza de Chapultenago; sin embargo, las palabras de Mikeas fulguraron presentando un mundo de honda belleza que puede perderse por la incuria social y las burocracias culturales. Presento lo esencial de esa charla.
A. Durán:
Carlos Navarrete dice que estuvo en Copainalá en 1986; ahí llegaron danzas de pueblos zoques, entre ellas una de Chapultenango llamada Los campesinos. Lo extraordinario de esta danza, dice Navarrete, consistía en que un anciano se disfrazó de anciana con su telar de cintura; otros participantes se disfrazaron de árboles y los protagonistas centrales fueron un hombre vestido de jaguar, otro de venado. La danza comenzó justo cuando la anciana empezó a tejer; el tejido y la danza concluyeron al mismo tiempo, cuando el jaguar atrapó al venado. Hay una fotografía donde se observa parte de esa danza.
Mikeas:
Me comentó algo la esposa de Carlos Navarrete, algo dijo de esa publicación; ella estuvo ahí, supongo.
A. D.:
Leí tu libro Mokaya; enigmática palabra Mokaya; ahí se dice: “soy hombre y soy mujer”. La palabra es mujer, parece una afirmación de Jacques Lacan. Sospecho que hablas de Okochuwe, esta diosa quizá es quien teje la trama de la vida; pero claro, el jaguar y el venado no son el jaguar y el venado sino representaciones de fuerzas; el jaguar puede ser la tierra; entre los mayas, el venado se asociaba con la abundancia y también con la muerte; el Popol Vuh se refiere al venado celeste como el anuncio de la muerte; ¿tienes alguna idea de eso?
M.:
Ahora que mencionas esa danza, particularmente en ese año, estoy pensando que mi abuelo fue danzante; mi abuelo era el brujo del pueblo. Toda la vida, mi mamá nos regañaba porque íbamos a su casa; no quería que nos juntáramos mucho con él porque tenía esa fama en el pueblo; muy respetable mi abuelo y toda la familia de él, todos sus hermanos. Mis tíos abuelos se quedaron en Carmen Tonapac y en Guadalupe Victoria porque eran de ahí. Cuando hizo erupción el volcán Chichonal ellos llegaron a Chapultenango; salieron y ya no regresaron a Guadalupe Victoria, se quedaron en Chapultenango.
Pero mi abuelo toda la vida se dedicó a ser curandero; era danzante también y músico; él hacía de Okochuwe en las danzas. Ahora no sé si se hace porque ya no vivo en el pueblo; pero me acuerdo, salían los danzantes y hacían un ritual para ponerse sus ropas; había un lugar donde guardaban todo, la vestimenta que utilizaban para las danzas; no dejaban entrar a nadie; me acuerdo que mi mamá siempre me decía: “No vayas porque dicen palabras, invocan al diablo”. Ya ves, te dicen eso y más curiosidad te da.
Cuando yo tenía siete años, mi abuela se enfermó, se llamaba Simona, y mi abuelo Simón; bien lindos ellos. Sí, así se llamaban; mi abuela se enfermó y necesitaban a alguien que la ayudara a los mandados, a acarrear el agua, para lo que se le ofreciera; entonces mi mamá me ofreció para que la cuidara; me encantó la idea porque siempre quise ir pero no me dejaban; como era algo que necesitaban me dejaron ir con mis abuelos y quedarme. Siempre sentí curiosidad por escuchar los rezos de mi abuelo; de hecho, mucho del ritmo de la poesía que tengo lo aprendí ahí en esos rezos que mi abuelo decía; siempre lo escuchaba con el afán de encontrar en qué momento mi abuelo invocaba al diablo; me daba curiosidad porque me cristianizaron muy chiquita; entonces yo iba a la doctrina, me enseñaban el Padre Nuestro, el Ave María y todo lo que te enseñan los catequistas, y yo quería saber por qué antes de siete años yo no sabía qué era eso del catecismo ni nada, pero también coincidía que escuchaba todo lo que mi abuelo decía. Me acuerdo que mi abuelo invocaba mucho a los santos, invocaba a santos que nunca había oído, nunca los vi en la iglesia, santos muy raros, pero su oración era en zoque; y el ritmo en zoque era cantado.
A. D.:
¿Desde pequeña aprendiste zoque?
M.:
Sí, y entonces lo memorizaba, me memoricé varios rezos de mi abuelo; hasta ahorita hay muchos que no sé qué significan porque están en otro zoque, no están en el zoque común que uno habla.
A. D.:
Uno de tus poemas son como oraciones relacionadas con la siembra y hay una palabra que no tiene traducción: Kujkiki.
M.:
Ah, sí, no tiene traducción, y te digo que mi abuelo siempre fue de los danzantes; participó en esa danza, yo lo veía, pero en esa danza estoy tratando de recordar si vi a esa mujer hilando; evidentemente no era mi abuelo el que hilaba, pero él salía con los que sembraban; es que hay varias danzas, hay una que es de las sembradoras, salen las sembradoras con un palo que representa su coa; ahí hacen el surco, salen, son tres; en las danzas zoques no hay mujeres, o sea, sí hay representaciones femeninas pero no son mujeres las que danzan, son hombres que se disfrazan de mujeres.
A. D.:
Ana Kolpakova y Alejandro Sesheña han demostrado que en la iconografía prehispánica aparecen las falsas mujeres; es fácil observarlas porque en las mujeres se resaltan los senos, y en los disfrazados no se destaca eso. El Maestro Baile zoque, Víctor Manuel Velázquez López, dijo que los hombres se disfrazan de mujeres porque representan el recuerdo de las mujeres que murieron de parto y se fueron a ayudar al sol a que cruce la noche; son las mujeres guerreros. Entiendo que la mujer se relaciona con la muerte en la simbología mesoamericana; de alguna manera, los hombres se visten de muerte y de renacimiento. En el poema Mokayas también hay un hombre que se viste de mujer; como si el hombre fuera la mata del maíz; y la mujer, la espiga; me pregunto: ¿qué será Mokaya?, parece que ahí retomas cosas lejanas e inquietantes.
Mikeas
Pues mira, cuando escribo yo no lo pienso mucho en el sentido de pensar como cuando uno escribe un artículo, cuando uno tiene que analizar algo. No lo pienso así; la poesía no me lo permite de esa manera; a veces sí tienen mucho que ver los recuerdos; y lo antiguo que tengo son mis vivencias en Chapultenango que fue buena parte de mi vida, casi toda mi formación; y ahí hay mucha influencia de mi abuelo pues él representa la tradición y una imagen muy fuerte en mi familia; mi papá y mi mamá se cristianizaron profundamente, si bien no negaban el parentesco con mi abuelo, sí evitaban que nosotros tuviéramos cercanía con él.
Nosotros éramos obedientes; como estábamos en la cosa cristiana y el catecismo, lo que nos decían, obedecíamos. Me acuerdo cuando un tío abuelo, que era de Carmen Tonapak, llegaba a visitarnos, también era danzante; llegaba el tío abuelo y mi mamá nos decía: “Escóndanse, no salgan, porque viene don Chalino, nadie se aparezca porque les damos una buena tunda”; y más curiosidad nos daba; yo espiaba porque mi casa era de cañita, de caña brava, y podías espiar ahí; aunque no te asomaras, espiabas; y decíamos, ¿pero qué tiene?, parece gente el tío Chalino. Pero no lo permitía mi madre. También mis hermanas platicaban que con ese tío no se podía hablar porque siempre sacaba palabras raras; mi mamá decía que era muy grosero. Pero yo en ese momento no entendía qué era grosero porque en zoque se entiende otra cosa.
Fuimos a visitar a mi tío abuelo cuando ya estaba trabajando en la radio e investigábamos sobre tradición oral. Me acordé del tío: “él debe saber muchas historias, pensé, pero me daba pena andar sacando mi grabadora, podía pensar que nada más quería sacarle la información”. Fuimos a visitarlo, le llevamos frutas; fui con mi hermanita y platicamos con él; el tío era excepcional, un hombre que hablaba muy bien el zoque, muy zoque él, muy auténtico, y nos dio mucha tristeza porque el tío dijo que ya se iba a morir; a mi hermanita y a mí nos dijo: “Es que ya me voy a morir, me da gusto que antes de que me muera tan siquiera vinieron ustedes, lo único que lamento es que no vinieran antes porque yo sé muchas cosas”.
Me empezó a platicar: “Yo sé de las danzas, sé de la medicina tradicional, sé las oraciones antiguas”. Muchas cosas enlistó que sabía y lo quería dejar a alguien. Nos comentó: “A tu papá le dije, tu papá no quiso, dijo que esas cosas no eran buenas, que eran del mal, eso no estaba bien con Dios, que no era bueno aprenderlo; nadie lo quiso”. Enumeró a sus hijos y dijo: “De estos, a ninguno”. Era muy alegre, luego también nos dijo que él había quedado viudo: “Yo quedé viudo hace quince años; cinco años me pasé buscando mujer pero ya nadie me quiso porque estaba todo flaco”.
El tío se describía de manera muy graciosa; no dijo, ya no me quisieron las mujeres y ya me resigné a quedarme solo. Efectivamente, un mes después murió. Cuando iba a verlo con mi grabadora, tenía que pasar por Francisco León, por un camino feo, y le hablé antes a mi hermano para preguntarle si había paso, si no había algún derrumbe; me respondió mi hermano: “¿Vas por la entrevista? Ni vayas porque ya se murió el tío”. El tío ya sabía que se iba a morir. El día de la visita, le preguntamos: “¿Cómo sabe que se va a morir?, ¿está enfermo?” Dijo: “No. Estoy bien, yo bajo caminando a Chapultenango”. Decía que eso le ayudaba para lo que en zoque significa “sudar del bueno”; decía que para sudar bajaba caminando, que tenía dinero, sus hijos le mandaban dinero para ir en carro pero él quería bajar caminando; por eso le preguntábamos si caminaba, si comía bien; estaba sano, estaba delgado pero sano, no tenía ninguna dolencia, y decía que se iba a morir, ya lo sabía; sabía andar en el sueño, sabía muchas cosas mi tío, y se murió; así nada más se murió. Luego leyendo un poco más la historia, me enteré de la fuerte persecución que hubo contra la gente que tenía conocimiento.
A. Durán
Tal vez las personas que viven en Chapultenango o en lugares cercanos puedan darme información; me gustaría ir con algunas personas mayores para saber algo más sobre la danza Los campesinos.
Mikeas
Mira, hay gente que todavía sabe; yo me acuerdo dónde se hacían los rituales para las danzas, era casa de un señor que vive en el centro, Domingo Gómez se llama, está mero en el centro; creo que todavía vive ese señor pero ya ha de ser muy viejito.
Y su hijo; ellos están en esa danza. Un día fue el festival maya zoque, hace como doce años, aquí en Tuxtla; no sé si alguna vez supiste que el festival maya- zoque fue aquí en Tuxtla, en el teatro, ¿cómo se llama el teatro grande que hay aquí? El de la ciudad, Emilio Rabasa. Ahí se presentaron las danzas. Me acuerdo que vinieron los de mi pueblo; nosotros estábamos de público; tengo una hermana que es religiosa, de las franciscanas, y con mi otra hermanita, ahí estábamos las tres mirando, y nos sorprendimos porque la danza tenía muchos elementos; presentaron esa vez la danza de la siembra; y salía el viento, salía el fuego, salían los elementos; y el señor que hacía del Tzunhdy, Tzunhdy como se dice en zoque, el sembrador, iba con su sonaja, zup se dice en zoque, e iba diciendo muchas cosas en zoque, no las palabras antiguas, era como una cosa de él, que le nacía decirlo, pero era poético lo que decía, no lo grabamos pero lo escuchamos y nosotras entendíamos el zoque, y dijo mi hermanita, “¿a poco así es esta danza?”
Desde niñas habíamos visto la danza, pero la gente se ponía en el atrio de la iglesia y lo hacía de manera diferente, a lo mejor porque la iglesia había ya penetrado mucho en prohibir esas cosas, porque dependía de la idea que traía el sacerdote nuevo; hay sacerdotes que han sido más permisivos y han dejado que las danzas se presenten incluso hasta dentro de la iglesia y ha habido otros que ni siquiera quieren que en el atrio.
A. Durán
¿Qué simboliza vestirse de mujer en el área mesoamericana?
Mikeas
En verdad, quién sabe, pero es todo un ritual; me acuerdo que es todo un ritual para ponerse la vestimenta.
A. Durán
Tiene que ver con verdades profundas del sujeto, por ejemplo, en Chichen Itza se representa el juego de pelota; aparece la pelota y la calavera dentro de ella; de la boca de ésta parece brotar el signo de la palabra. La antropología dice que la muerte habla, la muerte está hablando como en el Popol Vuh; pero la psicoanalista Carmen de la Mora dice: “Me parece más bien que la palabra crea la muerte; la palabra crea la falta, crea el vacío”. Lo perdido es como la gran madre. Esa representación en Chichen Itzá indica que tras la pulsión de muerte llega la pulsión de vida; por la pulsión de vida nos enamoramos de las cosas del mundo que son esencialmente ilusorias pero traslucen lo anhelado y perdido en un tiempo mítico; yo creo que por ahí anda esta cosa del hombre vestido de mujer.
Mikeas
Sí, tienen un significado, claro, porque te digo esto de la ritualidad para vestirse es una cuestión simbólica, el ponerse el traje; y es que en las danzas, ¿sabes qué es lo que pasa?, que las instituciones, te hablo de la CDI, del CONACULTA, de Culturas Populares, y no sé cuáles otras hay, no tienen que ver con esto; lo han tomado como una manera de exhibirla, de quitarle su sentido, porque tiene un sentido comunitario; lo sacas de ahí con el simple hecho de que lo pongas en un escenario; no están pensadas para presentarse en un escenario; son danzas que tienen un sentido comunitario y dan cierta identidad y cohesionan a un grupo social; en cambio, las pones en un foro; ¿qué medida puede tener un foro? No es como moverse en un espacio grande; hay danzas, por ejemplo, las danzas de la siembra siempre van mirando hacia el sol; son pensadas al aire libre. Hay una danza del caballito que hacen en Copainalá; fuimos a unas caravanas que organizaron de la CDI, nos fuimos hasta el volcán Chichonal y la presentaron en una cancha municipal; la cancha era grande y disfruté la danza, tiene movimientos; nunca la había contemplado así porque toda la vida la había visto en foros culturales de dimensiones insuficientes; era grandísima esa cancha de básquetbol, pero, ¿sabes?, se lució la danza, la vi bonita porque todo el espacio lo ocuparon los danzantes, hicieron movimientos que nunca había visto; entonces pienso que cuando tú la mueves, la transportas a un escenario como si fuera espectáculo, entonces pierde el sentido originario que tiene porque cambia totalmente.
A. Durán
He pensado en las danzas que tienen este sentido de integración y de unión espiritual; al mismo tiempo que unen espiritualmente a los participantes del pueblo, a la comunidad, también los une con el movimiento del sol, los ríos, las cuevas, las montañas, los animales; ¿qué pasa ahora con este mundo de violencia exacerbada? Creo que se danza también contra este mundo violento en el que estamos todos; creo que las danzas tienen mucho que decirnos, igual hemos perdido algo importante: la palabra ya no es sagrada como lo fue para tu abuelo y tu tío abuelo.
Mikeas
Mi tío abuelo, sí.
A. Durán
Bailan mirando al sol.
Mikeas
Sí, tiene un sentido, todo está conectado, pero te digo que cuando llegaban terminaban en el atrio de la iglesia presentando la danza; regularmente recorrían el pueblo, las danzas recorren el pueblo, las calles principales, caminan, hacen la danza y rematan en la iglesia porque ya vez que el cristianismo acaparó bien todo esto; aunque esencialmente no tenía nada que ver, había que cumplir esa parte.
A. Durán
Me parce ver esta función de integración del hombre con su comunidad y con el cosmos, con los rezos.
Mikeas
Sí, cohesiona mucho en el sentido de conocer lo que representan ciertos elementos; por ejemplo, en las danzas de la siembra se expresa la importancia que tiene la siembra como algo que te da alimento pero también lleva agradecimiento incluso a los elementos que contribuyen a que se dé buena cosecha, la lluvia, el viento, los animales, todo influye para que se dé buena siembra porque si se acercan los animales que te comen tu siembra o los pajarracos esos que llegan pues no hay buena cosecha, entonces todo eso se representa en la danza.
Yo he visto que las danzas zoques tienen muchos elementos teatrales, como en el teatro griego, porque hay parlamentos; se ha perdido un poco, y con el cristianismo se fueron metiendo otros elementos, pero hay elementos teatrales como el de las danzas de Rayón, aunque son más nuevos; ellos meten mucho teatro, no son teatreros, no tienen esa formación, son naturales; pero así eran, así son las danzas. Claro, a veces meten un poco lo grotesco; los ves y es divertida la danza y hacen tontería y media ahí, porque también el hecho de que te pongas una máscara te desinhibe, eres otro, te transformas, y entonces estos ya hacen barbaridad y media. A veces, a mí me asustaban mucho; tengo la experiencia de que cuando salían en carnaval, en semana santa, en Chapultenango, cuando era niña me asustaba mucho el tigre, porque yo sí creía que era un tigre; lo miraba y estos malvados venían y te perseguían, a los niños los perseguían y yo tenía un pavor de acercarme a esos que estaban locos con sus máscaras.
A. Durán
Bajtín señala las características del carnaval europeo; es diferente a lo de acá, aunque hay elementos comunes, lo del grotesco, por ejemplo, ahí el hombre es animal, río, selva, sol, luna, mar; el cuerpo es voluminoso porque el hombre es también animal y vegetal.
Mikeas
Sí claro, y saca esa parte ahí, tal vez porque ya se desinhibe. Y te digo que no son actores, no están haciendo teatro realmente, pero les sale de manera muy natural, y son nuevos; en las danzas de Rayón lo he visto; a lo mejor antes había un sentido mucho más ritual, en otro sentido, yo no sé; van conjugando otros elementos también pero, por ejemplo, en la danza del sembrador, que vimos ese día en el espectáculo de Tuxtla, el hombre que hacía del sembrador, el Tzunhdy, actuaba, pero lo hacía bien; es un señor, se llama don Lázaro, y hasta nos quedamos sorprendidas, mi hermana y yo: “Es don Lázaro, y mira todo lo que está diciendo.” Decía cosas sensatas, como que de verdad estaba sembrando y él se lo creía”.
Ese año me dieron un premio de poesía y me tocó participar, apagaron las luces y todo quedó oscuro; en el escenario no veía a nadie, las luces se centraban en el escenario. Yo creo que a ellos les pasó lo mismo, se sintieron solos; pero ese don Lázaro, hasta mi hermana que es religiosa, franciscana, ella y yo nos quedamos impactadas de lo bien que estaba actuando el señor, echando un discursazo en zoque, porque él hablaba en zoque, a lo mejor porque él creía que no lo estaban entendiendo.
A. Durán
Este carácter sagrado de la palabra le da profundidad poética.
Mikeas
Sí, él hablaba de eso, pedía por la siembra, que creciera bien todo y agradecía y era bueno, era muy simbólico, muy significativo lo que decía.
He observado esa parte de la teatralidad que tienen las danzas zoques porque hay parlamentos, personajes que hablan; y si no hablan, al menos representan algo, poseen movimiento que otras danzas no tienen como las tzotziles, por ejemplo, que son más con música; pero las danzas zoques tienen mucho movimiento, cada personaje tiene una representatividad; he visto por ejemplo la de Copainalá, la del Mocteczu que es Moctezuma; hay una niña ahí, es la única que sale en la danza y los demás son hombres que tienen sus penachos, esos de espejitos, que representan a Moctezuma; al final, la niña se baja, es la reina, la llevan en una sillita; está sentada la niña, nomás observa y hay un momento en que la sacan a bailar y baila, baila con el principal, pero la niña ahí es como la reina, la princesa.
Es bien interesante porque igual en el carnaval zoque de Tuxtla sale la Lunita, sólo una niña y tiene que ser pequeña; y ahorita que estabas comentando un poco sobre esa danza, me reflejó, tal vez porque la relacionaste con la muerte; a mí lo que se me ocurrió fue la muerte porque sí tiene ese sentido de que la mujer está relacionada con la oscuridad, con la muerte; entonces, imagínate tú, si el representante es el sol, está existiendo esta dualidad que se maneja en casi todas las danzas.
A. Durán
Claro, porque el jaguar curiosamente es una fuerza del inframundo.
Mikeas
Y femenina.
A. Durán
El jaguar es entre los olmecas y los zoques el equivalente a la Cihuacóatl, a la Coatlicue, una potencia femenina. En una danza de Ocozocoautla participan el jaguar y el mono; el jaguar es un elemento femenino fecundado por el elemento celeste que vendría a ser el mono; esta cópula, que ahora se interpreta como una violación, implicaba un rito de fecundación. Tengo la fotografía de un mono jaguar, de un mono con piel de jaguar; esta figura la tiene un médico de Ocozocoautla que la encontró entre sus terrenos, en un cerro.
Mikeas
¿Es prehispánica?
A. Durán
Sí, la encontró por el antiguo aeropuerto de Ocozocoautla, por ahí tiene terrenos. Thomas Lee conoció esa pieza; no era, como nosotros vemos actualmente al jaguar, un elemento masculino; en el mundo zoque parece más femenino y está representando a la tierra o a las fuerzas telúricas.
Mikeas
Puede ser; es que cuando eres parte de la comunidad no te pones a analizar en el sentido antropológico de lo que representa sino que ya eres parte de lo que se representa justamente en la comunidad como tal, no para analizar y pensar esto es tal cosa; se vive, de alguna manera. Además, la gente que lo sabe ya es grande; y para la gente grande, esta cosa del conocimiento es muy, cómo decirte, muy reservado; porque como es conocimiento es poder, no te lo transmiten, nadie te lo quiere platicar, no te lo platica la gente.
Han ido investigadores, muchos, la gente no te lo platica porque es conocimiento; el conocimiento da poder y el poder pues ya sabes; entonces no te dicen, se hacen güeyes, como que sí pero no te dicen bien. Mi tío me lo decía; ellos quieren transmitirlo sólo a quienes saben y sienten la energía, aunque sean los hijos, eso me lo platica mi papá; entre los hijos, antes se tenían muchos hijos, no a todos sus hijos le decían, porque saben a quién se lo van a dejar si es que se lo van a dejar a alguien; por eso mi tío se sentía muy triste, porque decía: “No tuve a quién dejárselos”. Es algo que se transmite pero no a cualquiera. Ellos lo piensan mucho; mi abuelo, mi papá, mi mamá me decían: ¿oíste algo? No, nada; yo decía que no oía nada; sin duda me regañarían, por eso no iba a contarle a mi mamá que de veras mi abuelo no invocaba al diablo.
Con respecto a la danza Los Sembradores, yo nunca vi en Chapultenango que se representaran con la tejedora; sí vi cuando salían los personajes que van sembrando; sale la abuela, sale el tigre, sale el venadito, están los músicos y hay otro elemento que tiene alas, es el viento, y salen los que representan a los árboles y hay muchos elementos de la naturaleza que están ahí; de eso sí me acuerdo, pero el tejedor, la tejedora no los vi nunca.
A. Durán
Cómo podemos ver las danzas, creo que sí nos lo dicen.
Mikeas
Ah, eso sí lo dicen. La danza es el dos de febrero, en la Candelaria, ese día se baila. El dos de febrero siempre se baila, llueva, truene o relampaguee; y no lo bailan en otra fecha; lo bailan cuando los invitan a algún carnaval o evento pero no lo bailan igual.
A. Durán
Qué significa para ellos, sobre todo eso me interesa, la opinión de ellos.
Mikeas
Eso sí, seguramente lo dirán; están más cerca, lo han vivido ahí todo el tiempo; lamentablemente se está perdiendo mucho, las danzas también, porque los jóvenes ya no la aprenden y los viejitos se mueren; va cambiando la generación y si ya no hay quien lo aprenda, es lo que te digo que pasó con mi familia; “nadie quiso aprender”, dijo mi tío abuelo.
A. Durán
¿Cómo te iniciaste en la poesía?
Mikeas
Empecé escribiendo en español; ya ves que a nosotros no nos alfabetizaron en la lengua; ha habido mucha discriminación y violencia hacia los pueblos originarios, y no nos enseñaron. Sobre todo he sido autodidacta; me ha costado mucho pero ha valido la pena porque me siento mejor hablando de esos temas que de otros que tal vez ni los domino, mejor hablo de lo que sé y no se ha escrito; así encontré mi voz; Max, mi maestro de literatura, decía: “Encuentren su propia voz, hay que encontrar la voz”. Pero eso de encontrar tu propia voz, cómo la encuentro, dame una fórmula, no hay; pero creo que encontrando mi raíz encontré mi voz, y es mi sufrimiento y mi condena.