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04

Enero de 2016

IV - Mito y poesía - El exilio de los dioses en jorge de sena

EL EXILIO DE LOS DIOSES EN JORGE DE SENA

Paula Altafulla

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN
Hay obras que deben aguardar para que sus ideas se desplieguen en el tiempo; así la de Jorge de Sena, uno de esos autores que parecería existir recientemente para las letras de habla hispana. Nacido en Portugal en 1919, perteneció y participó en el grupo de la Revista Presença (1927-1940), considerada por la crítica como la segunda parte del Modernismo portugués; su prolífica obra revela un espíritu inquieto que no conoce límites: penetró en la novela, el cuento, la dramaturgia, el ensayo crítico, la poesía; la mayoría de las veces con notable oficio.
De Sena fue ante todo un pensador, que prefirió los caminos no trillados de la heterodoxia; adjetivos como irreverente, inconforme, indeseado, transgresor son comunes de encontrar cuando se le nombra; mas es mi interés ir más allá de estos seductores calificativos de su persona y adentrarme en su poesía; al respecto cabe iniciar citando las palabras del también poeta portugués Nuno Judice, cuando afirma que en su cultura:
No hay grandes filósofos como [en] Francia e Inglaterra, pero nuestra filosofía está en la poesía, porque la poesía no se limita a ese aspecto lírico, personal; muchas veces nuestros grandes poetas se interrogan sobre cosas esenciales. La poesía es una forma de pensamiento sobre la vida, el mundo, el ser.
Yo añadiría además, para el caso de Jorge de Sena, sobre lo divino, lo sagrado y el lugar del ser humano en todo eso. La validez de la reflexión de Judice para el autor que me ocupa es certera, ya que a lo largo de su obra poética se observa no sólo una obsesión por temáticas recurrentes –situación común en los poetas- sino la evolución de un pensamiento sobre la condición humana, así como un registro juicioso de hechos históricos y culturales.
Estamos entonces ante un pensamiento sensible, es decir, uno nacido de la conjunción entre reflexión y afectividad; sus textos exhalan un humanismo furioso, exigente, que “alienta una de las más profundas preocupaciones de sus obras, la búsqueda de los modos de superación de la ruptura entre el pensamiento y la acción, el conocer y el obrar, el pensar y el sentir, la cultura y la naturaleza, el conocer y el conocerse”.
Esto es, la creencia en la posibilidad del humano como ser capaz de lograr materializar en este mundo los ideales más caros a su felicidad. Así, subyace a su concepción del mundo una lógica dialéctica de la unidad de los contrarios, alimentada por la filosofía de Hegel, Marx y ante todo Husserl que, en palabras del mismo Sena, “dio una estructura epistemológica a mi marxismo indefectible”.
Y fue precisamente este criterio de integrar lo ideal con lo concreto, lo que me llevó a elegir algunos de sus textos poéticos, como expresión de lo sagrado. Es mi intención entonces adelantar una interpretación crítica en clave sociológica, estética y mitológica de los textos elegidos, con el fin de vislumbrar la evolución en la toma de posición de Jorge de Sena en cuanto a la problemática que me ocupa.
Así las cosas, considero relevante, además de difundir la obra de este escritor poco acogido en su tiempo, adentrarse en su propuesta humanista, la que resulta esclarecedora en tiempos en donde las prácticas humanas parecerían estar, cada vez más, vaciándose de sentido y estar siendo guiadas por un sistema de valores en donde priman intereses ajenos a “la responsabilidad de estar en el mundo”, y por ende, al compromiso por construir un entorno en el que la humanidad sea viable.
Concretamente analizaré los poemas Las evidencias (fragmento), Metamorfosis, En Creta con el Minotauro y En la iglesia de los jesuitas en Luanda; la selección mencionada -deliberadamente elegida para marcar un itinerario algo arbitrario– me permitirá rastrear la visión sobre lo sagrado en un lapso que abarca desde 1954 a 1972; tiempo durante el cual Jorge de Sena vivió la persecución de la dictadura salazarista (1932 – 1968), optando por exiliarse en el Brasil en 1959, para posteriormente (1965) hacerlo en los Estados Unidos hasta su muerte en 1978.

 

 

 

1. DE LO DIVINO A LO SAGRADO
Desde la perspectiva de análisis que me interesa enfocar el presente estudio, es necesario aclarar la diferencia entre las categorías de sagrado y divino, ya que comúnmente se equiparan. De manera tal que, parte de la hipótesis que manejaré es que la concepción de lo divino se inclina hacia una noción trascendente, en tanto que lo sagrado refiere más al orden de la inmanencia; ahora bien, no considero que una y otra sean excluyentes, sin embargo, el énfasis puesto en uno u otro extremo del vector, enfatiza una relación de orden vertical u horizontal con el ámbito de las creencias.
De cara al psicoanálisis lacaniano, podría hablar de un énfasis de lo divino en lo Simbólico –el orden de la ley-, mientras lo sagrado se hallaría en el registro de lo Real –lo no verbalizable-, esto es, simplificando: el dogma y la experiencia respectivamente; así las cosas, lo divino estaría regulado por una instancia externa, que para el caso de occidente ha sido el dogma judeocristiano, mediante el que se han establecido las jerarquías y características de una esfera que pertenece a un “reino que no es de este mundo”, pero que determina una moral específica.
La experiencia sagrada, en cambio, deviene desde una instancia vital, interna del ser humano, desde donde se vivencia una especie de conexión que excede la individualidad y exalta la vida. En este sentido, si nos remontamos a la etimología de la palabra sagrado, veremos cómo desde sus orígenes está relacionada con la acción, lo real y la verdad. Retomo aquí la interpretación que Julien Ries retoma a su vez de H. Fugier, según la cual el significado primitivo de sakros “debe ser buscado fuera del análisis comparado del radical sac en griego, en latín, en etrusco, en hitita, en germánico, ya que no nos permiten salir del significado de rito, costumbre, uso legal”.
Para los autores en mención, es necesario entonces dar un rodeo por la palabra Sancire que significa hacer sak, poner en estado de sak: conferir validez, conferir realidad. Sancire como palabra clásica del vocabulario jurídico implica “hacer que una cosa llegue a ser real”. Así las cosas, nos dice Ries, en los comienzos del pensamiento romano sak debió significar ser real.
“Por tanto el radical sak –que se encuentra en la base de las palabras indoeuropeas que expresan lo sagrado, toca el fundamento de lo real”. Mas dejaré en este punto la disertación etimológica para adentrarme propiamente en la manera en que juegan esta y otras teorizaciones en los poemas seleccionados.
El primer fragmento de poema pertenece al libro Las Evidencias (As Evidências), que es el cuarto libro de poesía del autor; impreso en enero de 1955 por el Centro Bibliográfico en plena dictadura, fue objeto de una escaramuza de censura por parte de la Policía Política (PIDE) del régimen salazarista, cuando asaltó el centro en mención e impidió su distribución hasta varias semanas después en que fue permitido por la Censura. Este libro consta de veintiún sonetos que abarcan temáticas sobre el amor, el erotismo, la creación poética, el destino humano. El fragmento que he elegido es el número XIX en donde el poeta lanza un juicio sobre la divinidad, que evidencia un quiebre en su postura respecto a sus textos anteriores.
En efecto, la tercera parte de su primer libro de poemas Perseguição (1942), expresa un pensamiento atravesado por un discurso bíblico, en donde la inquietud “parece circunscribirse a un problema religioso, es decir, a un binomio Hombre-Dios”; no obstante, el dogma empieza a ser cuestionado, no con tanto rigor como se verá posteriormente, pero sí con el interés de ir más allá de una visión teológica.
En el fragmento de Las evidencias, en cambio, y pese a la forma de soneto, -que para ese entonces resulta paradójicamente revolucionario en Portugal, ya que son años de ruptura vanguardista mediante el surrealismo especialmente-, hay una toma de distancia respecto del dogma monoteísta, de donde a decir de Lourenço se da “la tentativa de refundación de una nueva cosmogonía”, veamos:


Las evidencias

 

 

XIX (Fragmento)
Perdidas una a una todas las cosas / los cuerpos y las estrellas, flores y ríos, / en la construcción del espíritu soñado, / humanamente os habéis unido / para más allá de todo aún regir / apenas polvo que será dispersado un día, / que lo que quedaba, deshecho el mundo, / la muerte humana así erais en uno solo, / oh dioses, formas de existir, presencia, / tan siempre jóvenes y dorados muertos / de muerte / que es ocaso o madrugada, / ¡oh dioses del universo!, cae la oscuridad, / y, en vagas voces de niños riendo, / disperso todo, / oh dioses, regresad. (1954)
El tono de este soneto parecería el de la interpelación, el del reclamo al Dios ausente que ha abandonado la vida y sólo rige en el más allá de la muerte; ausencia en pro de la cual el ser humano pierde lo evidente por ocuparse de “construir” una metafísica que olvida los ríos y los cuerpos, que destruye el mundo de la vida tras la búsqueda de un ideal en realidad inexistente; como dice Lacan interpretando a Freud, Dios estaba muerto desde que nació: “pero si Dios está muerto para nosotros, lo está desde siempre”.229 Entonces es contra esa idea de Dios, de “uno solo”, erigida sobre la muerte de los otros dioses, que nos interpela el poeta.
Esta muerte de Dios, que es la misma que preconizara Nietzsche, es la muerte de un referente suprasensible, de un Dios ideal.230 Sin embargo, tras la muerte de ese Dios no se cierne la nada; para De Sena es la oportunidad para que retornen otros dioses, o bien aquellos que muestran su presencia mediante un ocaso o los que se anuncian en la inocencia del niño, por ahora “cae la oscuridad” y el llamado del poeta se escucha “oh dioses, regresad”.
Y es en su poema “Metamorfosis” (Fidelidade, 1958), en donde se puede encontrar lo que podría ser uno de esos dioses como “forma de existir”. Cabe anotar que este poema es luego retomado para abrir su séptimo libro de poemas titulado, justamente, Metamorfosis (Metamorfoses, 1963) bajo un primer apartado Ante-metamorfose; este gesto tan significativo muestra tanto la continuidad de un pensamiento como su evolución. El poema evoca la posibilidad de lo divino, así:


Metamorfosis

Al pie de los cardos sobre la arena fina / que el viento poco a poco ha amontonado
contra su cuerpo (apenas se distinguía / tal como las plantas entre la arena palpitando) /un dios dormía. ¿Hace cuánto tiempo? ¿Hace cuánto? /¿Y un dios o diosa? ¿Cuántos soles y lluvias, /cuántos claros de luna en las aguas o en las nubes, / tiznado habían esa piel tan lisa /en que los vellos con arena se entreveraban? / Negros cabellos se esparcían donde /en los brazos recruzados se escondía el rostro. /¿Y los ojos?¿Abiertos o cerrados?¿Verdes o castaños /en el breve espacio en que su aliento ardía? /Pero, ¿respiraba? ¿O sólo una luz difusa /se demoraba en su dorso ondeante / que de tan desnudo y antiguo se vestía /con la confiada ausencia en que dormía? /Pero, ¿dormiría? Las piernas extendidas, /con un pie sobre otro pie y los calcañares / un poco levantados en el recuerdo de alas; / las nalgas suaves, los omoplatos curvos / y en la tan leve sombra de las axilas / adivinados pelos… ¿Dios o diosa? / ¿Hace cuánto tiempo dormía allí? ¿Hace cuánto? /¿O no dormía? ¿O no estaría allí? / Al pie de los cardos, junto a la soledad / que casi lo tocaba del arenal inmenso, / del inmenso mundo, y las aguas susurrando…, / ¿o no estaría allí?... ¿Y un dios o una diosa? /¿Imagen, sólo un recuerdo, aspiración? / De cerca o de lejos no se distinguía. (1958)
Resulta ineludible referir que el título del poema remite a la tradición grecolatina, la que “atribuye a la metamorfosis la naturaleza de la teofanía”; por esto, a la manera de Ovidio, De Sena nos presenta una incierta divinidad humanizada, la que permite reconocer el regreso, o quizás el recuerdo, de un Dios primordial ¿o Diosa? que apenas se distingue de los movimientos oscilantes de la naturaleza.
Pese al tono de incertidumbre que atraviesa el poema, lo divino ya no es una idea sino que se posa sobre la tierra, se manifiesta a los sentidos a la manera de los dioses griegos. El contraste entre su cuerpo tendido suave, liso, curvo y la presencia de los cardos permite pensar en una caída, tanto física como simbólica, sumado al detalle de los calcañares “un poco levantados en el recuerdo de alas”.
Ahora bien, si nos remitimos a la mitología grecolatina es Hermes (Mercurio) quien gobierna el sueño –espacio privilegiado de lo inmortal-, además de poseer alas en la zona de los tobillos, característica de los mensajeros de los dioses, sin embargo, sus rasgos hermafroditas alejan la posibilidad de que se trate propiamente de esta deidad, aunque la relación resulta factible: Hermes es el padre de Hermafrodito.
Además al final de Metamorfoses (1963) De Sena dedica cuatro sonetos a la madre de Hermafrodito, Afrodita, mas no sólo a la Afrodita Urania, sino también a Pandemos, Anósia y Amátia, es decir, “la Afrodita total, la que representa todas las formas posibles de amor y, en consecuencia de vida”; sintetizadas en la Afrodita Anadiomena, la que surge de las aguas.
De cara a ello, estamos ante la presencia de una divinidad hecha carne, que no es el Cristo, y que se configura como una experiencia interior del poeta, esto es, se da en el registro de lo sagrado; así lo permiten deducir las últimas líneas del poema: “¿Imagen, sólo un recuerdo, aspiración? / De cerca o de lejos no se distinguía”.
Finalmente es el poeta quien sueña, imagina o evoca un arquetipo psíquico; brumoso por la naturaleza misma de la experiencia sagrada. Se evidencia entonces un movimiento para “desjerarquizar” lo divino, para traerlo al ámbito de lo humano tornándolo presencia, fundamento de algo más real.

 

 

2. SIN VERSOS Y SIN VIDA
Los años 60 del siglo XX fueron para Jorge de Sena los del exilio; su salida de Portugal hacia Brasil aunque voluntaria, se da tras la inminente represalia por haber participado en 1959 en un golpe de Estado fallido contra la dictadura salazarista. Después se va hacia los Estados Unidos en 1964, tras el golpe de estado militar que destituye al presidente electo João Goulart. Durante este tiempo, De Sena produce una serie de poemas a los que titulará Peregrinatio ad loca infecta (Peregrinación a los lugares inexistentes) que serán publicados en 1969. En palabras del autor:
Esse período de 1959-69 foi e tem sido, principalmente e sobretudo, o dos meus “exílios” americanos (do Sul e do Norte), com tudo o que de difícil e de complexo uma tal situação implica, pela confrontação com diversas culturas (ainda que, ironicamente, elas nos sejam familiares) que, para quem não vive nelas em caráter evidentemente provisório, colocam agudamente dolorosos problemas de identidade, e nos levam a meditar diversamente sobre quem somos. Por tudo isto foi que dei a esta colectânea o nome de Peregrinatio ad loca infecta, já que os poemas representam momentâneas descidas críticas do poeta ao seio da sua visão de mundo.
Su situación en el mundo le lleva a descreer totalmente de las convenciones, a percibirse como un ser abyecto, exiliado, por fuera de cualquier cultura. Dicho sentir le permite despojarse de todo juicio previo y así pugnar por quitarse el filtro de las nacionalidades, las identidades, las fronteras. De ahí que, lo abyecto es acertadamente metaforizado mediante la figura del Minotauro en este poema escrito en 1965:


En Creta, con el Minotauro

 

 

I
Nacido en Portugal, de padres portugueses, / y padre de brasileños en Brasil / seré tal vez norteamericano cuando estuviera allá. /Coleccionaré nacionalidades como camisas que se quitan, / se usan y se botan, con todo el respeto / debido a la ropa que se viste y que prestó servicio. / Yo soy yo mismo mi patria. La patria / de la que escribo es la lengua en que por casualidad de generaciones / nací. Y por la que hago y por la que vivo es esta / rabia que tengo de poca humanidad en este mundo / cuando no creo en otro, y sólo otro querría que / este mismo fuera. Pero, si un día me olvidara de todo, / espero envejecer / tomando café en Creta / con el Minotauro, / bajo la mirada de dioses sin vergüenza.
En esta primera parte, el poeta ironiza sobre la posibilidad de tener una patria, hay una actitud errante propia del arrojado quien “erra en vez de reconocerse, de desear, de pertenecer o rechazar. Situacionista en un sentido, y apoyándose en la risa, ya que reír es una manera de situar o de desplazar la abyección”; de ahí que se pertenezca a sí mismo en una crisis narcisista que no reconoce al Otro, de donde afirma la abyección de sí reconociendo que sólo puede ser siendo abyecto.

En este sentido, lo más parecido a una patria es un no-lugar, como lo lee Mac Auge, esto es, un lugar de paso que no remite a una identidad, a una relación, a una historia, en suma un loca infecta. Su patria pudo haber sido cualquiera así como su lengua materna. Aquí, hay un eco de la famosa frase de Bernardo Soares “Mi patria es la lengua portuguesa” (El Libro del Desasosiego), la cual ha sido sacada de contexto para tornarla slogan publicitario de la nacionalidad portuguesa, ya que si se continua con la lectura de las siguientes líneas se lee: “no me pesaría que invadiesen o tomasen Portugal, siempre que no me molestasen personalmente”; se observa, en el caso de los dos poetas, un desdén hacia todo atisbo de nacionalismo limitante.
Entonces los valores patrios no motivan heroísmo en De Sena, es en cambio, la degradación de los valores humanistas la que produce el furor necesario para creer que en este mundo es posible otro mundo. No obstante, en el eventual caso de la pérdida de esta utopía, del olvido de su posibilidad, sólo queda el retorno hacia el momento en el que los dioses no se avergonzaban de su creación; al respecto nos dice:

 

II
El Minotauro me comprenderá. / Tiene cuernos, como los sabios y los enemigos de la vida. / Es mitad buey y mitad hombre, como todos los hombres, / violaba y devoraba vírgenes, como todas las bestias. / Hijo de Pasífae, fue hermano de un verso de Racine, / que Valéry, el cretino, consideraba uno de los más bellos de la “langue”. / Hermano también de Ariadna, lo enredaron en un ovillo que lo jodió. / Teseo, el héroe, y como todos los griegos heroicos, un hijo de puta, / se le rio en el hocico respetable.
/ El Minotauro me comprenderá, tomará café conmigo, en tanto / que el sol serenamente desciende sobre el mar, y las sombras, / llenas de ninfas y de efebos desempleados, / se extenderán dulcísimas en las tazas, / como el azúcar que agitamos con el dedo sucio / de investigar los orígenes de la vida.
Vemos aquí la inversión en la toma de posición del poeta: de una ferviente admiración por el espíritu clásico grecolatino pasa a una irreverencia ante las ínfulas de superioridad que han caracterizado a esta cultura. Por eso, es el Minotauro quien le comprenderá en su desasosiego, porque es también un ser abyecto, mitad hombre y mitad animal, símbolo del bárbaro extranjero en oposición al civilizado ateniense. En la mitología griega, Teseo es el héroe que funda Atenas, el ciudadano ejemplar de la polis en oposición a la Creta bárbara y su monstruoso Minotauro.
El mito cede entonces a los interese políticos de una nación emergente; sin embargo, la mirada crítica sobre la historia reivindica la figura del Minotauro. Así como Jorge de Sena, Borges y Cortázar proporcionan entradas heterodoxas. En La Casa de Asterión el Minotauro toma la voz en su defensa y se muestra como un ser único, casi divino, no inferior ni bestial, consciente de su papel redentor y liberador. De manera semejante, Cortázar en Los Reyes, “ve en el minotauro al poeta, al hombre libre, al hombre diferente y por lo tanto al hombre al que la sociedad, el sistema encierra inmediatamente, a veces en clínicas psiquiátricas, a veces en laberintos”.
Esta resignificación de la figura mítica implica a los estratos más profundos de la cultura, ya que lo que era visto como el orden, el bien (Teseo) se configura como una instancia castradora, que elimina lo que el sistema necesita ocultar para mantener su orden aparente, tal como los inmigrantes, los pobres, los locos, los artistas críticos, etc. Por eso el Minotauro emerge en la obra de Sena en ese no-lugar que ocupa el outsider en la cultura, veamos:

 

III
Es allí donde quiero reencontrarme por haber dejado / la vida por el mundo en pedazos repartida, como decía / aquel pobre diablo que el Minotauro no leyó, porque, / como toda la gente, no sabe portugués. / Tampoco yo sé griego, según las informaciones más confiables / conversaremos en volapük, ya / que ninguno de los dos lo sabe. El Minotauro / no hablaba griego, no era griego, vivió antes de Grecia, / de toda esta mierda docta que nos cubre hace siglos, / cagada por nuestros esclavos, o por nosotros cuando somos / los esclavos de otros. Durante el café, / nos diremos el uno al otro nuestras desdichas.
El reencuentro de sí en un lugar ajeno a su lugar de origen individual, mas significativo para el origen de la cultura occidental, como lo es Creta, se plantea no como una afirmación de la cultura sino como una revuelta contra ella. De este modo, como lo ha demostrado Jane Ellen Harrison, la reinterpretación por parte de la cultura griega aria afectó no sólo a este sino a muchos mitos griegos “donde las culturas originales orientadas hacia la diosa se modificaron o invirtieron para crear un nuevo tipo de significado más en armonía con la cultura orientada hacia el dios de los griegos”.
No es de extrañar entonces, que Jorge de Sena tuviera noción de este encubrimiento del significado original, por parte de “toda esa mierda docta que nos cubre hace siglos”, producto de una sociedad esclavista y excluyente como la ateniense; por ello el poeta se ubica al margen de la lengua dominante, bien sea portuguesa o griega, en favor de una lengua artificial como el volapük; su escepticismo frente al proyecto de civilización se expresa en un sentimiento antipatriótico, justamente en la eliminación de las fronteras entre lo bárbaro y lo civilizado, lo humano y lo animal. Por eso:

 

IV
Con patrias nos compran y nos venden, a falta / de patrias que se vendan suficientemente caras para que se tenga vergüenza de no pertenecer a ellas. Ni yo ni el Minotauro, / tendremos ninguna patria. Apenas el café, / aromático y bien fuerte, no de Arabia ni de Brasil, / de la Fedecam, ni de Angola, ni de otra parte. Pero café / a pesar de todo y que yo, con filial ternura, / veré escurrirle de la quijada de buey / hasta las rodillas de hombre que no sabe / de quién heredó, si del padre, si de la madre, / los cuernos retorcidos que le ornan la / noble frente anterior a Atenas, y, quién sabe, / a Palestina, y otros lugares turísticos, / inmensamente patrióticos.

 

V
En Creta, con el Minotauro, / sin versos y sin vida, / sin patrias y sin espíritu, / sin nada ni nadie, / excepto el dedo sucio, / he de tomar en paz mi café. (1969)
El poeta proyecta sobre la figura del Minotauro su propio sentimiento de orfandad, hasta el punto de observarlo con filial ternura. La incertidumbre frente al origen, así como la ausencia de un sentido de pertenencia, le permiten una mirada desapegada, insensible, en donde la patria es un producto de consumo más, un mecanismo simbólico que agrega valor a la humanidad llana y pura. De ahí que, el descreimiento que le lleva a la abyección y a la revuelta, se torne en un escepticismo radical que desemboca en la negación de la vida. Casi que podría decirse que en ese verso final lo que subyace es la muerte, la depuración de todo, si no fuera por el ímpetu rabioso de necesidad de paz.

 

 

3. MIRAR AL OTRO: LO SAGRADO HUMANO
Jorge de Sena fue un crítico contundente de los procesos de colonización portuguesa en el Sur de África, tal y como lo dejó consignado en su cuento “"Capangala no responde", escrito en 1961 y que constituye uno de los primeros textos de la literatura portuguesa (sino el primero ...) en desarrollar el tema de la guerra colonial; surge a raíz del asalto a la prisión de Luanda, el 4 de febrero de 1961, que inició la impugnación de la colonización portuguesa, lo que provocó la represión militar por parte de la metrópolis que se extendería por más de una década.
Así mismo, en su último libro publicado en vida Conheço o Sal… e outros poemas, 1974 (Conozco la sal… y otros poemas), hay una serie de cinco poemas angolanos en los que Jorge de Sena vierte su mirada crítica sobre varios aspectos de la colonización; el poema que elegí para cerrar este texto advierte sobre la imposibilidad de borrar de un tajo las creencias más profundas de los pueblos; de esta forma, es En la iglesia de los jesuitas en Luanda que el poeta se pone “en los zapatos del otro”, atesorando su experiencia de exiliado:


En la iglesia de los jesuitas en Luanda
Conversa la negra en el rincón en sombra / de la iglesia tan limpia restaurada. / En el suelo sentada y vieja, se abren los brazos / en frases de silencio para el Cristo / que cuelga muerto encima de ella, inmóvil / y silencioso. ¿Qué dirán los dos? / ¿Cuál la confusa indecisión que pasa / angustia intimidad de sin lenguas / en esa cabeza antigua de otra raza / y sobre todo de otros dioses que / hablaban por señales aunque claras frases / como las sílabas hechiceros saben? / En la soledad vacía de su espacio / en que de blancos Roma oscureció la luz / emblanquecida de niebla y ardor / de largos ríos, playas sinuosas, / y del altiplano los barrancos duros, / ¿qué dios puede inventarse que no sea / dolor de miseria de no ser, de no tener / de padres a hijos el lenguaje libre? / ¿Qué libertad pide? ¿Qué muerte desea? / ¿Será que enfrente del altar mayor no tiemblan / dentro de la simple losa los huesos de / un Paulo Dias de Novais? ¿De qué imbondeiros / los frutos como ratones colgados / aún le roen un tuétano seco / en el fuego de quemas y de incendios / en que de pueblos sólo las cenizas quedan? (1972)
La violencia histórica de los procesos impositivos de la colonización, se percibe en el vacío que dejan los dioses exiliados; emerge entonces la pregunta por la pretendida universalidad del cristianismo: ¿hasta qué punto ese sistema de creencias colma el alma de otros pueblos, de otras culturas? La conciencia de la opresión, de la imposición de una fe ajena, de la esclavitud, legitima al Cristo sufriente, aun así el cristianismo no logró derrotar a los otros dioses; de ahí que, el poeta imagine a los frutos del Baobab vengando su expulsión al roer los huesos del invasor.
De esta manera, la pugna por el sentido, propio de las dinámicas de la cultura, evidencia “la conmovedora historicidad de la naturaleza humana”; finalmente los dioses –el Dios- se afirman o exilian de acuerdo con los movimientos de la historia. Para el caso de Angola vemos cómo el proceso de colonización portuguesa quiso imponer, mediante exclusión y esclavitud, su manera de ver el mundo a través del dogma cristiano.
No obstante, la experiencia vital de los pueblos originarios, por la cual produce más sentido un árbol longevo que provee agua, alimento, materias primas y en torno al que se reúne la comunidad para dirimir conflictos, se mantiene viva en detrimento del dogma de un dios ausente, muerto e inmóvil que ha justificado y promovido el sufrimiento de los pueblos.

 

 

EPÍLOGO
Este breve recorrido por algunos textos poéticos del escritor portugués Jorge de Sena, pretendió mostrar la evolución de un pensador en torno al lugar y el no-lugar del ser humano respecto a lo divino y lo sagrado. De manera tal que, la modificación de su visión del mundo sobre este aspecto, está intrínsecamente relacionada con su experiencia vital; vimos como de una visión teísta cercana al dogma, el creador pasa por un momento de abyección y revuelta, hasta la relativización de las creencias de acuerdo con los hechos de la historia.
Los poemas analizados muestran posiciones divergentes, en ocasiones antagónicas, mas en todos ellos se mantiene la constante de un llamado hacia la mejora de la vida humana; de ahí que en su escala de valores sea el ser humano y el mundo “tal como viene” el nivel más alto de reflexión.
Jorge de Sena no tiende a metafísicas sino que nos propone “hacer carne el verbo” en este mundo, el único posible.
Nos invita así a acoger a los dioses exiliados que proveen una visión más real sobre la condición humana. Se trata, a la manera de los árboles sagrados, de echar raíces sobre la tierra sin olvidar que nuestras ramas crecen hacia el inmenso infinito. En este sentido, la poesía de Jorge de Sena tuvo que esperar el paso del tiempo para alcanzar su plena realización, pues es justamente en esta época, en la que la civilización occidental parece haber perdido el rumbo, cuando se necesitan visiones heterodoxas sobre “la buena manera de vivir, de ver la vida y el mundo”.

 

 

BIBLIOGRAFÍA PRIMARIA
De Sena Jorge. Serena Ciencia (Antología poética), Valencia: Pre-textos, 2012. ____________. Los trabajos y los días (Una antología). Bogotá: Taller de Edición Rocca, Universidad de los Andes, 2014.

 

 

BIBLIOGRAFÍA SECUNDARIA
Aguiar e Silva, Vítor. Jorge de Sena e Camoes. Trinta anos de amor e melancolía. Coimbra: Angelus Novus, 2009.
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Bourdieu, Pierre. “La disolución de lo religioso En Cosas dichas, Madrid: Gedisa, 2000.
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Cortázar, Julio. Entrevista por Joaquín Soler disponible en: Programa A Fondo, Televisión española, https://www.youtube.com/watch?v=_FDRIPMKHQg, 1977.
De Sena, Jorge. Poesía III, Lisboa: Edições 70, 1978.
Judice, Nuno. Entrevista disponible en: http://www.excelsior.com.mx/expresiones/2014/10/29/989497, 2014.
Kristeva, Julia. Poderes de la perversión: ensayo sobre Louis-Ferdinand Céline, Barcelona: Siglo XXI, 1988.
Lacan, Jacques. Libro 7: La Ética del psicoanálisis. Buenos Aires: Paidos, 1995.
Molina, César Antonio. En honor de Hermes, Madrid: Huerga y Fierro Editores, 2005.
Ries, Julien. Lo sagrado en la historia de la humanidad. Madrid: Ediciones Encuentro, 1989.
Sánchez Romeralo, Antonio (coord.) Monográfico “Jorge de Sena: Una teoría del testimonio poético: autor, investigador y crítico” En Anthropos: Revista de documentación científica de la Cultura. Barcelona, noviembre de 1993, No 150.
Villena, Luis Antonio. http://luisantoniodevillena.es/web/articulos/jorge-de-sena-excelente-y-radical/