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01

Marzo de 2013

Crisis y Crítica - El fondo de la virtud

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NOLITE CONFORMARI HUIC SAECULO

6Es muy posible que en medio de este panorama que acabamos de examinar brevemente, la única cosa que todavía pueda hacer una persona sensata es, como afirmaba uno de los críticos sociales más incisivos de los últimos años, Jean-Marc Mandosio, volver a los orígenes, a los fundamentos de aquello que nos hace humanos, y buscar auxilio en la razón y en el “conócete a ti mismo”. Esa fue la consigna inmutable de nuestra tradición desde sus orígenes y continuará siendo nuestra guía más fiable mientras continuemos siendo, con permiso de la ingeniería genética, hombres y mujeres dotados de razón y sentimiento.

 

Toda nuestra tradición se sustenta sobre ese pilar. “¿Aludes al ‘Conócete a ti mismo’, Sócrates? Sí. Claro está que lo contrario sería que la inscripción recomendase no conocerse en absoluto”,[44] hacía Platón decir a Sócrates, mientras Pico della Mirandola en su Discurso sobre la Dignidad del Hombre aludía de igual modo a aquél “gnosi se auton”, “conócete a ti mismo”, que “despierta y exhorta para el conocimiento de toda la naturaleza de la cual el ser humano es el medio término y como que la síntesis. Quien se conoce a sí mismo, en sí todo lo demás conoce, como ya escribieron, primeo Zoroastro, y, después, Platón”.

 

Tampoco nuestro improbable blogger Michel de Montaigne era ajeno a esta máxima:

 

El siguiente precepto es muy citado por Platón: ‘Cumple con tu deber y conócete’. Cada uno de los miembros de esta máxima envuelve en general todo nuestro deber, y uno equivale al otro. Quien debiese realizar su deber vería que su primer cuidado es conocer lo que realmente se es y lo que mejor se acomoda a sí mismo; quien se conoce no se interesa por aquello con lo que nada tiene que ver; profesa la estimación de sí mismo antes que de ninguna otra cosa, y rechaza los quehaceres superfluos y los pensamientos y propósitos baldíos. (Essais, I, III).

 

Ese “conócete a ti mismo”, que tuvo en el horaciano sapere aude el “atrévete a saber”, que retomado posteriormente por Kant y proyectado por una corriente de la Ilustración, fue caricaturizado hoy por el “que otros me conozcan”, al precio que sea. Es en esas voces del pasado donde encontraremos las cuestiones eternas, los asuntos que desde siempre la humanidad puso en el vértice de sus preocupaciones, antes de que se emperrase en su auto afirmación mecánica. Escuchándolas, tal vez evitásemos la tentación de la credulidad resignada que ve en el presente el producto necesario de los siglos anteriores. Veríamos entonces la vigencia del civitas facit legem, que la ciudad hace las leyes, y, recíprocamente, que los politai hacen la polis. Entenderíamos claramente, por tanto, que la civilización tecnológica surgió como elección de una posibilidad, no como imperativo, y que fueron los hombres, y no un mandato teleológico o divino, los que la consolidaron. No existe ningún fatalismo en su advenimiento, y del mismo modo que fue configurada puede ser suprimida.

 

Podrás descender al nivel de los seres más bajos y embrutecidos; podrás, por el contrario, por libre elección de tu alma, subir a los estadios superiores, que son divinos […] Ojalá nuestra alma se deje conducir por la santa ambición de superar la mediocridad y anhele por cosas sublimes, canalizando esfuerzos para conseguirlas, dado que, realmente, si queremos, habremos de concretizar” (Pico della Mirandola).

 

Para tal fin, debemos recordar que la verdadera grandeza del hombre no reside únicamente en la audacia colosal de sus obras, sino también en todo aquello que, estando en disposición técnica de acometer, se niega a materializar en virtud de un lado oscuro que no se puede más que intuir, una zona de incertidumbre que sin estar perfectamente explorada, podría acarrear consecuencias funestas. En nuestra mano está el continuar deslizándonos por el plano inclinado de la alienación tecnológica, o frenar la marcha para ver más claro, en aceptar el phatos de la potencia máxima y la cruzada técnica, o la luminosidad de la razón crítica.

 

Goya, Los Caprichos, 43, El sueño de la razón produce monstruos (El Prado, 1799)

 

Por ahora, es difícil no atisbar que el horror tiene un futuro prometedor, y que nadie sueñe con que las nuevas generaciones serán ni más sabias, ni más conscientes, ni más lúcidas. Serán, por el contrario, más eficaces, más utilitarias y olímpicamente ignorantes. Observando a esos expertos en informática, que algunos porfían en llaman “niños”, podemos imaginar con bastante precisión lo que nos espera, ya que “no son ideas lo que tienen en la cabeza, sino sombras, que proceden de concepciones informes”, que “no pueden desarrollar ni esclarecer en su cerebro, ni, por consiguiente, exteriorizar; tampoco gentes así se entienden a sí mismas; vean como tartamudean en el momento de expresarse” (Essais, I, XXV). Heredarán las ruinas y las extenderán; desconocerán el sentido trágico de la vida, pero conocerán bien las tragedias.

 

Será un mundo de individuos con un contacto cada vez menor con el mundo (stultus) cuya máxima espiración será hacer dinero y ser famosos (idiocia); en otros términos, un mundo de “estúpidos” que aspiran a ser “idiotas”. Sin duda, será esta una locura singular.

 

Sin reconciliación posible, es probable que el fondo de la virtud consista en saber resistir, como sospechaba Balzac. Pero, agudicemos la inhumanidad mecanizando y automatizando la vida cotidiana, pongamos en el altar el dinero, el poder y la fama, substituyamos plazas y parques por parkings e shoppings, despedacemos a los perdedores, masacremos sin remordimientos los últimos vestigios de comunidad, de sensibilidad, de solidaridad y de buenos modales, y preparemos entonces nuestra rabia estupefacta para los “accidentes” de dimensiones apocalípticas, o para esos náufragos morales que descargan su odio homicida sobre sus semejantes en esas cada vez más frecuentes carnicerías monstruosas que inmediatamente serán enlatadas para el consumo televisivo y digital.

 

“Cobardía, Avaricia, Imbecilidad, Crueldad. No amar, no dar, no ver, no comprender, y, siempre que sea posible, hacer sufrir. Justo lo contrario del Nolite conformari huic saeculo”,[45] bramaba Bloy. Y es preciso no olvidar sus palabras. No consideren esta época como fruto necesario del devenir histórico, no se conformen, no transijan, no se adapten a su tiempo. Pero si consideran su época como fruto necesario del devenir histórico, si se conforman, si transigen, si se adaptan a su tiempo, entonces la pérdida de contacto con el mundo será irreversible y pueden abandonar toda esperanza de lucidez. Su proceso de desenraizamiento habrá sido completado. Bienvenido a un Mundo Feliz.

 

 



*O autor: reside en Rio de Janeiro; es redactor de la Revista Maldita Máquina, Cadernos de Crítica Social.

 

[1] PROPERCIO, Elegías, livro III, elegía 7, 30.

 

[2] COMÉNIO. Didática Magna. Lisboa: Calouste Gulbenkian , 2006.

[[3]]TUCIDIDES. História da Guerra do Peloponeso, III, 82.

 

[4]ROUSSEAU, Discours sur l’origine et les fondemens de l’inégalité parmi les homes. Paris: Berthier, 1894, p. 135.

 

[5] FOUCAULT, M. Microfísica do Poder. São Paulo: Graal, 2005, p. 29.

 

[6] PASCAL, Pensées, 253.

 

[7]MORRIS, William. Como vivimos y cómo podríamos vivir. Logroño: Pepitas de Calabaza, 2004, pp. 120-121.

 

[8] ROSSI, Paolo. Naufrágios sem espetador. A idéia de Progresso. São Paulo: UNESP, 2000, p. 12.

 

[9] DESCHNER, K. Historia Criminal del Cristianismo. Vol. I. Barcelona: Ed. Martínez Roca, 1990, p. 46.

 

[10]MONTAIGNE, Michel de. Essais de Montaigne, suivis de sa correspondance et de La Servitude volontaire d'Estienne de La Boëtie. IV Vols. Paris: Charpentier, 1862, II, VI.

 

[11] EPICÚREO, Aforismos, 22.

 

[12] PROPERCIO, Elegías, III, 2, 25.

 

[13] DEMÓSTENES. Arengas, Sobre la Organización Financiera, 25.

 

[14] ATTALI, Jacques; GUILLAUME, Marc. El Antieconómico. Barcelona: Labor, 1976, p. 178.

 

[15]SIMMEL, G. Filosofía del Dinero. Madrid: Instituto de Estudios Políticos, 1976, p. 612.

 

[16] HORACIO. Sátiras, II, 9.

 

[17] JÜNGER, E. Esgrafiados. Barcelona: Tusquets, 2005, p. 182.

 

[18] DEMÓCRITO, fr. 6.

 

[19]HESÍODO, Os Trabalhos e os Dias, 293-295.

 

[20] VOEGELIN, E. Hitler e os Alemães. São Paulo: E Realizações, 2008, pp. 121-122.

 

[21] LUCRÉCIO. De Rerum Natura, III, 958-961.

 

[22]CÁTULO, Poesias, 5, 5-10.

 

[23] MANDER, Jerry. Quatro argumentos para acabar com a televisão. Lisboa: Antígona, 1999.

 

[24] ELLUL, Jacques. La Edad de La Técnica. Barcelona: Octaedro, 2003, pp. 102-104.

 

[25] MANGUEL, Alberto. La Biblioteca de Noche. Bogotá: Norma, 2006, pp. 40-41.

 

[26] ELLIOT, T. S. Collected Poems, 1909-1962. New York: Harcourt, Brace & World, Inc., 1963, p. 147.

 

[27] DIDEROT. Oeuvres Complètes. Tome III. Paris: Garnier Frères, 1875, pp. 439-444.

 

[28]BLOY, Léon. La Salvación de los Judíos. La Sangre del pobre. En las Tinieblas. Barcelona: Orbis, 1987, p. 90.

 

[29] PLATÃO, República, V, 476.

 

[30] PLATÃO, Apologia de Sócrates, 29d.

 

[31] HORÁCIO, Epístolas, I, I.

 

[32] JUVENAL. Sátiras, XIV, 138-150.

 

[33]MANDEVILLE, Bernard de. La fable des abeilles, ou Les fripons devenus honnêtes gens. Avec le commentaire où l'on prouve que les vices des particuliers tendent à l'avantage du public.Tome II. Londres: La Compagne, 1740, p. 10.

 

[34] POSTMAN, Neil. Tecnopólio. São Paulo: Nobel, 1992, p. 20.

 

[35] MONTESQUIEU, De L’Esprit des Lois, IV, III.

 

[36] La ROCHEFOUCAULD, Máximes, 260.

 

[37] MONTESQUIEU, De L’Esprit des Lois, IV, II.

 

[38] WILDE, Oscar. A Alma do Homem sob o Socialismo, IN: WILDE, O. Obra Completa. Rio de Janeiro: Nova Aguilar, 1980, pp. 1166-1168.

 

[39] CRAVERI, Benedetta. La Cultura de la Conversación. Buenos Aires: FCE, 2004, pp. 17-18.

 

[40]Opus cit., p. 161.

 

[41] MANGUEL, Alberto. La Biblioteca de noche. Bogotá: Norma, 2006, p. 89.

 

[42] ELLUL, J. Hay mil millones de analfabetos. Revista Resquicios, Bilbao, ano IV, número 6, 2009, pp. 49-50.

 

[43] WOLIN, Sheldon. Democracia S. A. La democracia y el fantasma del totalitarismo invertido. Buenos Aires: Katz, 2008, p. 372.

 

[44] PLATÃO, Filebo, 48d.

 

[45]No os conformeis com vuestro siglo”, IN: BLOY, Léon. La Salvación de los Judíos. La Sangre del pobre. En las Tinieblas. Barcelona: Orbis, 1987, pp. 90-91.