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01

Marzo de 2013

Crisis y Crítica - Apuntes para una nueva crítica

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EL PROBLEMA TEÓRICO

Debilidad de la argumentación teórico-discursiva. Actualmente cualquier empresa intelectual que pretenda, aun por la vía del comentario crítico, decir qué está pasando está de antemano condenada al lugar común, a la trivialidad y a fin de cuentas al fracaso, dado el dominio hegemónico absoluto que en el sentido de su apología y reproducción ampliada ejerce el capital sobre las posibilidades de significación o de construcción de mensajes, inclusive cuando se trata de mensajes críticos u opositores. Tal como lo señaló Marx hace casi ciento sesenta años, bajo el dominio hegemónico del capital todo habla a favor de ese dominio y de su reproducción ampliada; ni más ni menos porque la forma básica de la socialidad ha sido parasitada por el capital en cuanto esta forma histórica y concreta de organización social introduce en el proceso de producción y reproducción del sujeto social una suerte de reconfiguración práctico-significativa en donde todo producir y todo consumir, incluido el discurso teórico, se allanan a la necesidad de valorización del valor, adoptan la forma fetichoide de la mercancía y traducen todo acto social en una acto propiamente mercantil. En esas circunstancias es inútil recurrir a una oposición directa o duelística, porque toda lucha en el mismo terreno del significar dominante está decidida de antemano.

 

Tanto aquellos autores que intentan construir un discurso crítico desde la filosofía o las ciencias sociales con recursos similares u homogéneos al discurso académico dominante, como aquellos que piensan que el discurso crítico puede construirse de manera completamente independiente o autosuficiente a partir de la experiencia de los marginados o las clases subalternas, de los Movimientos o de la Multitud, comparten la ilusión de que el modo en el que se organizan y disponen la verdad, la objetividad y toda la discursividad dominantes permitan siquiera la articulación de un discurso verdaderamente opositor.

 

A pesar de su aparente radicalidad, parecería que a aquellos “críticos” no les es posible ver que en su configuración actual el discurso teórico oscila entre dos emplazamientos epistemológicos que más allá de sus réplicas concretas y en apariencia abigarrada riqueza y variedad se rinden finalmente a una sub codificación que, siempre de acuerdo con el código general parasitado por el capital, las sujeta a la forma y el fin de la totalidad económico-social. De modo que finalmente parecen caer en lo que Adorno llama “la falacia de la subjetividad constitutiva” (pensando en Husserl, Heidegger y sus retoños deleuzianos) o bien en lo que podría llamarse “la falacia de la lingüisticidad constituyente” (pensando en la totalidad del giro lingüístico, Habermas, el pragmatismo y los actuales hermeneutas). Posiciones de discurso que podemos considerar como sucedáneos de las viejas filosofías idealistas – o en su defecto, materialistas vulgares – que en su momento fueron el objeto de la crítica de Marx en las Tesis sobre Feuerbach.

 

Partiendo del horizonte inaugurado por las Tesis, la idea y la práctica de una Nueva crítica no tendrían que ser muy diferentes a las que Marx propone, aunque, en todo caso, deben ser enriquecidas con la experiencia crítico-negativa de las luchas de clases desarrolladas a lo largo de más de siglo y medio, algunas formulaciones del pensamiento anarco-libertario y del marxismo crítico. En todo caso, su objetivo sería confrontar el conjunto de las relaciones sociales con la razón económica que es inherente a ellas, hacer estallar el modelo de pensamiento conceptual que está sujeto a ciegas a la totalidad económico social, romper con la sintaxis coherentista del principio de identidad y con la siempre renovada teoría de la adecuatio, desmontar la falacia de la subjetividad constitutiva y denunciar la falacia de la lingüisticidad constituyente. Ni más ni menos porque la Nueva crítica se sitúa muy lejos de lo que la crítica de la modernidad llama la representación; parte del hecho de que dominio y explotación capitalista van de la mano de la subsunción real del trabajo al capital y de que el sufrimiento es físico; en consecuencia entiende que la mentira no está en las palabras, sino en las cosas (I. Calvino).

 

Para ello, en el plano de la teoría la Nueva crítica debe superar y dejar atrás el horizonte idealista o neo-idealista articulado a la actividad de un sujeto autónomo, una subjetividad constitutiva o una lingüisticidad constituyente, y considerar la relación sujeto-objeto como praxis fundante, es decir, como construcción práctico-concreta no sólo de su relación, sino de sus propios términos, para mostrarla como una relación productiva y reproductiva entre los hombres y la naturaleza. Debe recobrar la totalidad de la problematización dialéctica de la objetividad, mistificada y parcelizada en su desarrollo idealista (Hegel, Husserl), y sublimada o evaporada en su versión materialista a través de la lingüisticidad constituyente (Heidegger, Habermas), planteándola como una problematización dialéctico-práctica o dialéctico-materialista. Finalmente, le será preciso sustentarse en una aprehensión teórica del proceso constitutivo de la realidad como un proceso histórico-material, como un proceso de metabolismo práctico entre el hombre y la naturaleza cuyas configuraciones emblemáticas no dejan de responder al tiempo histórico y a sus condiciones materiales de posibilidad.

 

Pero, además, para presentarse como verdadera alternativa, la Nueva Crítica tiene que constituirse como un significar incontestablemente anticapitalista y someter todas y cada una de sus categorías a un proceso de profunda desfetichización, tal y como en su momento y circunstancia lo hicieron Marx respecto del discurso de la economía política, Nietzsche frente a la cultura y la moral moderno-burguesa, Freud en el campo de la configuración de la subjetividad neurótica y la Teoría crítica en torno a la filosofía universitaria, la personalidad autoritaria, el antisemitismo, el fascismo, el continuum de la historia y la industria cultural. Podrá establecer una relación polémica con el discurso dominante que eluda las condiciones normales de toda disputa teórica académica o universitaria solamente si su propio saber se configura como negación determinada del saber capitalista, es decir, como crítica negativa del saber dominante, lo que le obliga a trabajar justamente ahí en donde aquel fracasa, en donde se producen sus fallas, sus vacíos, sus no dichos. (En la actualidad, el diagnóstico y glosa de la crisis capitalista ofrece el ejemplo más palmario de la incapacidad del saber dominante para siquiera esbozar alguna formulación inteligente, lo que le permite a la Nueva crítica ganar espacios y constituirse como discurso crítico desfetichizado,). Y deberá, finalmente, configurarse como transgresión organizada del discurso científico-filosófico contemporáneo, como ese saber que no puede ser sabido por el saber adquirido de manera capitalista; ante la imposibilidad de saltar por encima de las condiciones que le impone el modo de significación dominante, puede y debe constituirse como discurso defectuoso, como mal uso de las posibilidades de significación del discurso burgués. Burlar el cerco del dominio teórico no puede concebirse sino como efecto de la articulación indisoluble de las condiciones mencionadas.