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01

Marzo de 2013

Crisis global y nueva crítica - Crisis global y nueva crítica

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CRISIS GLOBAL Y NUEVA CRÍTICA

 

 

1EL proyecto de una nueva crítica frente a la crisis contemporánea ha surgido de sucesivos encuentros de intelectuales norteamericanos y latinoamericanos en clara protesta contra las condiciones de miseria académica y desintegración social en ambas regiones geopolíticas. Es también el intento de poner fin a un silenciamiento institucional y lingüístico del intelectual frente a los grandes dilemas de nuestro tiempo: la destrucción ecológica industrial, la degradación espectacular de los sistemas democráticos, una crisis económica que lanza a millones al vacío, y la extensión mundial del racismo, la violencia y la guerra.

 

México arrastra el doble destino de una Independencia decapitada por guerras de ocupación territorial, un concepto socialmente irresponsable de modernización, y una Revolución que ha acabado por instaurar el mismo modelo represivo de modernidad del porfiriato que pretendió derrocar. América Latina arrastra el destino de una colonización terminal de los pueblos y culturas originales en cuadros de totalitarismo corporativo, corrupción política y violencia. Estados Unidos sigue el destino imperialista que primero formuló en su doctrina Monroe y más tarde rubricó con el holocausto nuclear de Hiroshima y Nagasaki que lo elevó a potencia militar global. El vacío ético y la desesperación humana volatilizados en el espectáculo democrático se infla con las estrategias propagandísticas y militares contra un terrorismo que la propia expansión global de los poderes corporativos y militares generan.

 

La conciencia intelectual norteamericana se ha paralizado desde las expresiones y excesos del postmodernismo de los años ochenta. Sus universidades se han convertido en megamáquinas de fragmentación y aislamiento de la inteligencia. La especialización técnica y el control lingüístico han ahogado cualquier espacio reflexivo sobre el tiempo presente. Por su parte, ni México, ni Hispanoamérica han sido capaces de cristalizar una reflexión sobre los conflictos abiertos de su pasado colonial, ni sobre las ambigüedades de su independencia, ni sobre el futuro de su dependencia económica, mediática y académica de Norteamérica.

 

Esta situación de dependencia y endeudamiento ha generado grandes movimientos sociales de resistencia. El proceso Occupy en Norteamérica, los movimientos estudiantiles latinoamericanos y, no en último lugar, la resistencia civil de los países árabes contra la destrucción militar de sus ciudades, su población y su economía son algunos de sus modelos. La protesta de los pueblos originales de América, en Brasil, México, Colombia o Perú, contra la invasión corporativa de sus tierras son reacciones a una misma constelación global. Sin embargo, la ausencia de una organización política y un proyecto teórico desempeña un importante papel en contra de la continuidad de estos movimientos.

 

El ex-intelectual contempla ciego y mudo este escenario.[1] El conservadurismo estructuralista le ha secuestrado las palabras con las que establecer un vínculo con la realidad social. El postmodernismo le ha encadenado al poder corporativo bajo los gestos de una vanguardia comercialmente degradada. El aparato académico ha encerrado el pensamiento en las redes de micropolíticas y microdiscursos. Las industrias culturales han reducido la creación literaria y artística a ficción y ornamento.

 

 

2La ausencia de alternativas y discursos es el alibi de una burocracia académica y una industria cultural que mantiene su hegemonía a través de la censura de esas mismas alternativas. En Norteamérica no se puede mencionar la tradición reflexiva que vincula el humanismo de Emerson con la crítica de las megamáquinas sociales y políticas de Lewis Mumford. La academia europea ha reducido la categoría central de la Dialéctica del esclarecimiento, la transformación del esclarecimiento en un sistema espectacular de propaganda, una dominación tecnocéntrica y su deriva en una megamáquina genocida en su contrario: la fetichización generalizada de la cultura del espectáculo bajo el poder omnímodo de las industrias culturales. La ciudad letrada latinoamericana ha desplazado el proyecto de integración social de los pueblos y las culturas originales del continente, que en su día formularon Andrade, Arguedas, Rulfo o Roa Bastos, por su genocidio terminal.

 

Jorge Castillo, En el olvido (tinta china – 29 x 40 cm).

 

La nueva crítica es una respuesta necesaria a la expansión de los poderes corporativos y el subsiguiente colapso de la inteligencia. Es una crítica nueva en su reformulación de los ideales de justicia social y democracia, formulados de Spinoza a Marx, y de Thoreau a Josué de Castro, frente a poderes institucionales mucho más poderosos y formas más efectivas de degradación y control humanos. La nueva crítica se enfrenta hoy a una industria del espectáculo de inusitadas proporciones y poderes. Es nueva esta crítica porque confronta los efectos destructivos masivos e irreversibles del desarrollo industrial sobre la biosfera y sus consecuencias sociales genocidas.

 

Esta nueva crítica asume un procedimiento metodológicamente opuesto a los cultural studies –, a su deconstrucción de la teoría crítica, a la desarticulación de la autonomía de la obra de arte, y a la subsiguiente devaluación de la crítica literaria y artística a una retórica y una lingüística. Su tarea consiste, en un extremo, en fundar epistemológicamente un concepto no-destructivo de ciencia, en redefinir la democracia a partir de las relaciones productivas del humano con la naturaleza, y en restaurar un orden espiritual libre de las teologías y filosofías de la colonización.

 

 

 



[1]Un ex-intelectual representa a alguien divorciado de la vida intelectual o que ha sido separado de ella contra su voluntad. El ex-intelectual es la arcilla con la que se moldeará el “nuevo” intelectual crítico. Por consiguiente, no puede confundirse con el post-intelectual, vinculado y responsable del postmodernismo y su vacuidad.