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01

Marzo de 2013

Manifiestos

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Se nos ha llevado a una intensa confrontación de los sentidos con la llegada de nuevos códigos lingüísticos; se nos satura con tantas imágenes crudas y brutales, que ya hasta nos es familiar. Esta producción imagológica desensibiliza a la población y le arrebata su capacidad de asombro a tal punto que su conciencia parece mediáticamente programada; se nos inunda de una realidad editada y plenamente digerida. Otro aspecto importante es la pretensión de las redes sociales; el hacer creer que mediante sus dispositivos se fomenta una comunicación plena con su entorno y su comunidad, cuando la verdad es que no es así. Estamos frente a una incomunicación social donde la gente está frente a una computadora por horas sin el menor acto de convivencia.

 

Considero que es aquí donde el artista puede tener su acción social, aportando algo de respiro: discursos oníricos, pero no por ello, falsos o faltos de sustento y reflexión. Considero que tenemos el compromiso de despertar esas mentes aletargadas, el motivarlas y darles una dosis de conciencia para darles impulso. Fomentar otros intereses para alejarlos del asqueroso nihilismo.

 

 

Juan Miguel Carranza. Existencia contemporánea (Acrílico sobre tela, 220 x 120 cm. México, 2012)

 

 

Pero considero que en nuestros días los mismos medios que nos atan, nos conceden libertades de inmediatez para poder ser actores sociales activos, ese bagaje nos ha dejado lecciones sobre cómo hacernos incluyentes en el momento preciso y necesario.

 

¿Qué fundamenta la terquedad del artista en los tiempos de crisis? El valor y el dinamismo de hacer lo que se ama. Que pese a los retos aparentemente incansables como lo es lograr consolidarse, ser vigente y poder vivir del arte. E incluso el pesado lastre de visualizar todo esto como un sueño muy lejano, el motor del artista es lo que radica en el sacrificio de dedicar toda una vida, si así se precisa, para lograr su cometido. El lograr hacer presente su expresión, su sentir en las demás personas, y con esto ayudarles a reflexionar o simplemente hacerles sonreír y acompañarlos en pensamiento de vuelta a casa.

 

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En la escuela cada quien tiene su discurso y lo trabaja, muchos no lo tenemos, nuestro discurso es la obra. En mi caso, mi práctica está basada en experiencias, ideas o situaciones que me afectan directamente: mi vida, mis amores, mis odios, corajes, videojuegos, caricaturas, viajes psicotrópicos, etc. Y al reunir esas experiencias desarrollo mis juegos, para pintar o para lo que sea que haga, pero con un sentido lúdico. Debe de haber un chiste o una broma. No busco una empatía con la gente porque sé que ya está eso implícito, más bien busco darle forma a lo que me revuelve las entrañas.

 

Con respecto al arte, lo contemporáneo va desde lo revolucionario hasta lo publicitario, del Street art al museo, a las galerías, al metro, a las grandes trasnacionales del arte. Pero ¿en qué punto me inserto yo?

 

Una de los comentarios más fuertes en mi formación ha sido: “si no tienes una galería al salir de la escuela ya te chingaste”. No sé qué responder a esto, no sé tampoco cómo llegar a una galería. Hay concursos que siempre ganan otros, muchos están detrás de las becas; están las casas de cultura y espacios como el jardín del arte. Y el mundo se mueve o se dispone como una pirámide, donde al final muy por debajo de los galeristas, curadores y críticos, están los artistas. Artistas que si llegan a ser el foco histórico son criticados y envueltos en las acérrimas críticas sobre el mundillo del arte, pero no todos llegamos allá, nosotros vivimos en otra realidad que requiere otra crítica y que, de todas maneras, poseemos un oficio creativo del que se alimentan muchos parásitos (funcionarios, históricos, teóricos, críticos, curadores, gestores, etc., etc.). En este punto no tengo idea de hacia dónde dirigirme, sé que esto es lo mío, como muchos de mis compañeros, es lo que quiero hacer toda mi vida y sé que, si sigo haciendo lo que hago por lo que creo, el universo hará lo suyo.

 

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Para que el arte pueda hacer su voz audible, y su denuncia inteligible, tiene que superar su condición de espectáculo. Tiene que desenmascararlo. El artista, un concepto tan añejo como las capas de pintura que cubren la cara de la tradición, debe re-pensarse, pues sólo en la medida que trascienda los límites de su pequeña esfera, puede entonces proponerse la tarea de hacer estallar otras esferas, como la de lo público. Así, el “espectador de arte” es también una noción que debe mutar y adaptarse, asumir su propia voz y dialogar con lo que ve para dejar de ser un receptor pasivo de cosas que ni le interesan. Sin embargo, no debe entenderse con esto que una fe ciega en las estéticas relacionales, tan practicadas hoy por los artistas, se traduzca en un motor de cambio y renovación, pues incluso en ellas opera de manera invisible esa mano lobotomizadora guardiana de los espacios de exhibición, institucionales o no, que nos ha heredado la modernidad.

 

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Mientras tanto aparece una nueva dinámica para la emancipación del ser humano, la alteración de la realidad por medio de la evolución de los medios de comunicación e información. Como si de una peste se tratara y ésta se propagara por todo el globo terráqueo, teniendo un impacto devastador sobre las sociedades humanas, al grado de reprimir la percepción, la libertad de expresión, y la capacidad de soñar. Mientras tanto, la plaga del capitalismo continua mutando junto con sus opresores inaugurando necesidades/enfermedades que atrapan y victiman al ser humano, que infestado parece no poder actuar. Se llega a desacreditar la realidad y la disolución de lo existente, aunado a una caótica velocidad imagológica, conduciéndonos hacia una nueva realidad donde “lo que se ve es”. Verdades editadas e hiperconsumo virtual, que convergen en la informática, la política, las masas y la conciencia, inaugurando un nuevo humano o post-humano. Éste es un individuo que se ve afectado por un extraño magnetismo, parecido en mucho a una adicción, que se lleva acabo de frente a una pantalla que funciona como aguja, y una alta necesidad virtual como narcótico, encerrado en una habitación diminuta, rodeado de urbanidad y contaminación, de soledad.

 

Expuesto a un ataque masivo por los medios televisivos que bombardean con falsas identidades y expectativas, publicidad y políticas prediseñadas, llegando a adormecer a la audiencia con realidades editadas. Consiguiendo la clausura sensorial que conlleva a la deshumanización del hombre, se pierden las experiencias por un aislamiento, un control tecnológico que nos limita y nos empuja al hiperconsumo que acaba en una mórbida pasividad e indiferencia. La percepción de la realidad y los procesos intelectuales se ven paralizados y minimizados, se adoptan expresiones y emociones impuestas que desembocan en la renuncia de nuestras voluntades. Donde el ocaso de la libertad se ya problema vigente, se olvida la vida, se desvanece el futuro, se provoca desolación, hay asolo, tristeza y confusión. Se vive entre el miedo y la desesperación. Así poco a poco somos despojados de nuestra humanidad.

 

Fernando Melo (MoLo 5´5s), Pantallas (Óleo sobre tela, 130 x 120 cm. México, 2012)

 

 

Después del recorrido a la existencia sitiada, de la visión apocalíptica, fría y calculadora, se contempla una realidad donde se reafirman las cadenas de esclavitud humana que han sucedido desde el principio de los tiempos, y que siguen reprimiéndonos inconscientemente en la actualidad además de mostrar los cambios en los modelos de sumisión global, de cómo nos afectan y nos alejan de nuestra verdadera naturaleza. Donde los sistemas de control funcionan limitando nuestras capacidades, desprendiéndonos de nuestras voluntades, orillándonos a la renuncia de nuestras libertades.

 

Aun así creo que antes de aceptar esta realidad como univoca debemos ser conscientes de que tenemos varias posibilidades de romper con estas circunstancias, posibilidades infinitas de cambiar nuestra existencia, así como la posibilidad de elegir realmente como vivir, ser libres de reír y amar, de apasionarnos y soñar sin límites. De provocar cambios de conciencia en el comportamiento individual y colectivo, que nos brinde otros beneficios existenciales. Queremos continuar en el proceso de evolutivo de los valores humanos, como la verdad, la libertad, la justicia y la lealtad. Aquellos que son los verdaderos rasgos de lo humano, eso que constituye su verdadera. Entrañar nuestras capacidades, recordar que la vida ha de ser el principio fundante. Sin someternos a norma hechas bajo otros principios, ni dejarnos influenciar por lo que un sistema pueda decirnos qué pensar o cómo actuar. Podemos generar distintas acciones para contribuir al cambio de la realidad, podemos luchar por mantener un espíritu dinámico y defender la creatividad, contemplando cada momento, comprendiendo cada pensamiento y creando cada idea. Aproximándonos a generar otros significados del mundo y de nuestro tiempo, acercarnos a una existencia real y sincera que se encuentre en armonía con el entorno, que nos lleve a codificar la experiencia y expresar nuestros propios conceptos de vida, desencadenando un ímpetu que irradie infinitas explosiones de creatividad, que permitan un escape al sueño de libertad.

 

Fernando Manuel Melo Solís, Frida Mendoza Chávez, Abraham Mascorro Morales, Julián San Juan Aguilar, Naomi Arredondo Oaxaca, Rafael Capilla, Mauricio Gallardo, Regina Elizondo Mata, Xavier Corro Tapia, José Antonio Arroyo García, Jeantz Beltrán, Luz Elvira Arcega, Jorge Ayax García, Carolina V. Lucero, Juan Miguel Carranza Galindo.