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01

Marzo de 2013

Manifiestos

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Las vanguardias artísticas con sus nuevos sistemas de representación de signos crearon una ruptura dentro de las tradiciones de representaciones simbólicas, generando una nueva realidad codificada con la intención de anular el pasado y desvinculándose de los valores estéticos de la experiencia cognitiva. En esta era de neo-totalitarismo como artista creo que la única manera de tener un medio de inserción en la sociedad es apropiarnos de los signos de este sistema y generar una decodificación y una trasfiguración, estableciendo acercamientos con los diferentes sectores de la sociedad, procurando establecer una nueva experiencia y una conexión de los sentidos con el entorno y una nueva realidad inmediata.

 

Modificando o utilizando las estrategias ya diseñadas para la fundamentación del conocimiento cultural, estableciéndonos como creadores y diseñadores de nuevas experiencias sensoriales, capaces de estremecer a cualquier ser humano en el planeta sin límites espaciales o temporales, apelando a la condición humana, donde percibir, reflexionar y sentir tristeza, angustia, felicidad, temor, odio o amor son propios de la condición humana. En suma, generar nuevos espacios de representación simbólica para enriquecer la experiencia sensorial y estética del ser humano.

 

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            Actualmente vemos como producción artística lo que nos presentan las grandes firmas y los museos internacionales (que no mueven un dedo sin no tener detrás instituciones que los respalden). De forma general nos presentan lo más corrupto y comercial. Dentro del cambio social que estamos presenciando, si bien es pertinente la reflexión sobre las formas de producción y sus dinámicas, también lo es el hacer viral esta reflexión. Los últimos años han sido nefastos para el arte, por ejemplo: los medios de comunicación masivos presentan programas de fácil venta y acceso, donde las estrategias del capitalismo cognitivo es reducir el conocimiento mostrando programas de condicionamiento intelectual, esto ha generado un grave daño a la creatividad, cuando de lo que se trata es de reflexionar y de responder a una realidad cada vez más decadente. Procesos que al revelar la época moderna que se vive que es casi normal coincidir colectivamente en un sentimiento apocalíptico. ¿Qué papel tiene el artista hoy? ¿Aún conservamos el enfoque autocrítico o simplemente nos hemos dejado succionar por la corrupción institucional?, creo que debemos mirar al mundo y no pensar en estar a la vanguardia ni querer estar en los procesos vigentes de legitimación o de conceptualización, sino estar con todos los sentidos puestos en lo que ha desencadenado los procesos sociales, los acontecimientos que hacen del mundo un triste escenario y tratar de buscar salidas desde todos los flancos.

 

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El siglo XX fue una fuente inacabable de productos de la mente, sin embargo, ha llegado un período de gran vacío, un lapso de pobreza intelectual. Los estímulos de hoy en día obedecen a la lógica del capital, de las necesidades de mercados específicos, la belleza es algo calculado por los publicistas, la poesía algo innecesario, la cultura se empobrece sin que nadie lo note, dejando un gran silencio. Lo peor de nacer en esta época es haber perdido conexión con todo, sin pasado, sin historia, toda imagen, exagerada o no, es nuestro nuevo pasado. Nuestra educación se basa en lo que la pornografía, los talk shows, los infomerciales y noticieros nos dicen, la generación que nació en el espectáculo, que vivirá y morirá en un desierto cultural.

 

Los descubrimientos intelectuales no obedecen a las leyes de la oferta y la demanda, sino a algo más absurdo e impredecible, es casi algo que nadie pide, que nadie necesita, que se hace por el simple afán de la creación. El periodismo es ahora una forma de control de la información; sufrimos una gran explosión de historias, de las cuales muchas son manipuladas y pensadas para generar una ilusión de vivir comunicado, es así como los niveles de profundidad de cualquier información compiten en la escala de valores culturales. Es normal saber que el lector promedio no podría distinguir la diferencia entre Dostoievski y Dan Brown, es decir, nuestro entendimiento se encuentra atrofiado por la simplificación de las ideas, el exceso de estímulos y una supuesta multiculturalidad basada en un deterioro profundo; las publicaciones se generalizan a favor de los intereses de los anunciantes, las posturas obedecen a las ventas de ejemplares, mismos que limitan la transformación cultural y artística por una aparente falta de descubrimientos.

 

El pensamiento no obedece a las reglas del capital, obedece al deseo de construir, de transformar, a la curiosidad de generar utopías. El pensamiento es irradiante porque las neuronas poseen fisiológicamente un núcleo, con ramificaciones que al ser estimuladas, generan nuevas conexiones infinitas, que provocan que lo sensorial y lo perceptivo, deje de ser un pensamiento único y exclusivamente concreto.

 

Todos soñamos, todos podemos ser un monstruo, todos sabemos que existe un imaginario colectivo, todos sentimos deseo de algo más que lo que hemos creado, todos podemos existir como queramos existir, todos somos y seguimos siendo libres de caminar, leer, pensar, actuar, y de ver las cosas de manera distinta.

 

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El fenómeno del post-imperialismo (el sistema global unipolar), se ha disimulado bajo el concepto de “globalización”: con términos como cooperación política y económica, la apertura global de los mercados se traduce en compartir intereses para mantener al sistema capitalista cada vez más interrelacionado. Para mantener esta hegemonía a distancia, se precisan medios como las redes y políticas transnacionales, como el Tratado de libre Comercio; la vigilancia militar y rápida capacidad de intervención; la “participación” del ejército y agencias de inteligencia norteamericanas en la lucha contra el enemigo en turno (Narco, terrorismo, etc.); la apropiación de las redes electrónicas; el diseño de la directrices por las que son llevados los medios de comunicación y la industria cultural a escala global.

 

Al perder los Estados-naciones subordinados la capacidad de organizar su vida social y material, el modelo de subjetividad moderna se transforma a una nueva conciencia mediáticamente programada para tratar de “auto-construirse” sin oponerse al sistema; esto por medio de bienes simbólicos, así el sistema-mundo capitalista sigue en función, pero pierde peso en el imaginario colectivo.

 

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 Julián San Juan, Sin título (Papel sobre muro, 200 x 120 cm.  Puente peatonal Miguel Ángel de Quevedo, 2012)


 

 

La frase “no podemos encontrar otra realidad más que la de los medios de comunicación” en vez de ser una tautología, es una falacia. La realidad electrónica con su contenido no es la única existente. Es la que se quiere imponer desde un sistema político y económico que se ha demostrado suicida, puesto que pretende controlar desde la muerte aquello que le da sustento: la vida misma.

 

Se ha demostrado que a través de la rebelión y respuesta de las pequeñas comunidades (que conforman a la sociedad que alberga el sistema) que no han sido absorbidas epistémicamente (sino más bien marginadas o ignoradas) por el sistema, y que han conservado o han generado tejidos de comunicación horizontal, así como una memoria tradicional de la realidad cultural, se puede impedir este impacto ocasionado por el sistema de distribución y creación del espectáculo.

 

La rebeldía es la vida, la sumisión es la muerte, dijo Ricardo Flores Magón. Es en esta misma forma de proceder, resistir y rebelarse desde la comunidad, dónde reside o debería residir el sentido del Arte, que no es más que una estructura encarnada de la cultura, ya que es mediante herramientas que proporciona la cultura que se pueden generar los espacios de comunicación y reflexión que renuevan la moral de una sociedad y, por lo tanto, le dan una capacidad real de responder a la humanidad frente a sus propios actos.

 

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La muerte del arte no es un tópico nuevo, se ha venido hablando de ella desde medio siglo después de su invención. Ha habido ya varias crónicas de muerte anunciada. Quizás es necesario subjetivar al arte y entenderlo en un ciclo donde nace, crece, se desarrolle y muera, como cualquier ser finito de este Universo, para dar pasó a otro nacimiento. Si lo pensamos así, hoy sería sencillamente impertinente que volviera de la tumba un arte vanguardista o cualquier otro ismo. La cultura y todo lo que ésta engloba (filosofía, arte, política, religión y todo lo que han dicho que ha muerto) es una condición inherente de la naturaleza humana y sólo morirá absolutamente cuando la humanidad desaparezca.

 

Por otro lado, es imposible que pudiesen desaparecer todos estos padecimientos sociales, pues la lucha de contrarios es un elemento fundamental para el devenir de la Historia, sin un contrario al que oponerse, al parecer la vida no tendría sentido. Si quitamos eso que da sentido a lo humano regresaría el planeta a su estado original, antes de la existencia de éste.

 

Todas estas crisis culturales son síntoma de una civilización a la cual ya no le funcionan sus sistemas, y sobre esta línea sólo hay dos vías posibles para que la existencia continúe o no: una, que en este eterno retorno los sistemas políticos, económicos, y del arte mueran parcialmente, es decir, se eliminen conscientemente los elementos que ya no funcionan; o dos, que la crisis conlleve a la humanidad a una serie de eventos que detonen la peor de las guerras empujando al ser humano a su desaparición absoluta.

 

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El proyecto de una teoría crítica debería surgir de una reflexión desde las periferias; desde el empobrecimiento intelectual hasta los totalitarismos, es decir, debería reinventarse constantemente y reformularse desde su pasado histórico; desde la tradición para así poder lograr una integración donde la construcción de la crítica, en universidades y museos, no generara una suspensión de la sensibilidad artística. No debe existir un sentido totalizador de construcción institucional de los significados; éstos deben analizar los sistemas históricos, pero enraizarse en la realidad. Que la praxis sea la crítica, que ponga todo de manifiesto.