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01

Marzo de 2013

Manifiestos

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Nosotros como artistas somos sujetos socialmente activos. Si se ha llegado a pensar en lo inútil del arte no es porque el arte tenga un problema, el problema es de quienes lo producimos, de quienes nos involucramos en ese mundo, de quienes no nos cuestionamos la lógica del mercado bajo la cual el arte parece haber firmado su sentencia.

 

En el afán de lo contemporáneo hemos perdido el camino, las obras ya no hablan por sí mismas, es necesario recurrir al efecto, a la “justificación”. En la práctica artística debemos ser honestos; hablar desde lo vivido y no casarnos con ideologías o textos para buscar legitimación, debemos ser reflexivos e incidir en el imaginario social para desde ahí contribuir a un cambio verdadero.

 

El arte más que nunca es aire, es esa construcción para recuperar la fe, para soñar, para volver a crear y creer, para despertarnos de esta acerba etapa de adormecimiento, para dejar de estar en aquel letargo —confortably numb—, muy bien descrito por Roger Waters y David Gilmour a inicios de la década de los 80’s.

 

Mauricio Gallardo. Don nadie (Óleo sobre tela, México, 2012)

 

 

A medida que escribo estas líneas, encuentro referencias a favor del arte por doquier: la música es fundamental, fue a través de ella que entré en el terreno de las artes. La música es el motor que estimula mi producción visual, en ese sentido y porque así desperté yo hace apenas 5 años, afirmo que no podemos dar por muerto al arte, por el contrario hay que avivarlo, mimarlo, vivir en él, sacarlo del vano, egoísta y costoso agujero donde lo tienen apresado.

 

El arte como práctica humana no miente, mienten los medios y el espectáculo. Muy por el contrario, las prácticas que permiten definir a ese espacio como arte abren lugares donde realmente todo es posible, prácticas nutricias que entre ellas mismas comparten imaginarios, correlatos. Literatura o música, qué más da, lo importante es que no bajemos la cabeza, debemos seguir, debemos contagiar a los demás, el arte es vital para crecer como sociedad no en el sentido de progreso sino de preservar el sentido humano. ¡Así y no me cansaré de gritarlo, el arte no es obsoleto!

 

El vicio de la contemporaneidad, los grandes discursos posmodernos, ese continuo meter a las prácticas artísticas en ese lustroso andamiaje teórico, ha devenido en una agigantada pretensión; se ha olvidado el camino, el arte erróneamente ahora es mercancía, es status, es algo que no es arte. No es que no se merezca uno vivir del arte como de cualquier otro oficio pero eso no implica ser charlatán y andar con charlatanes que buscan equiparar al arte con no sé qué artilugios. El arte no está mal quienes están mal son los artistas, los curadores, los casi extintos críticos que no apelan a reflexiones que tengan que ver con su contexto real, con su vida y las experiencias humanas que se generan a partir de vivir con todos los sentidos. Contrario a ello, todos estos personajes se disfrazan de sus autores preferidos para irse a vender al mejor postor; se suscriben a un texto religiosamente, llenan su “canasta básica” de lecturitas y esperan que sus obras o sus opiniones pujen por un lugar en el majestuoso santuario de una cosa que ya no es arte.

 

Por otro lado, los movimientos recientes dan cuenta de otro papel que define a los artistas como actores activos de la sociedad. Por primera vez en años, los artistas, los jóvenes se están uniendo, proponiendo y exigiendo un cambio, ¿cómo llevar esta importante enmienda sino es apoyados en el arte?, ¿sin contribuir a la reconstrucción del imaginario de este tiempo?

 

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La manipulación de las imágenes no es algo endémico del arte, es algo que ha cobrado un talante crucial desde que se ha instituido como operación política en los medios de comunicación. A pesar de la forma en la que se impuso la Modernidad es innegable el desarrollo tecnológico, que en sus inicios buscaba la practicidad y el progreso humano. Pero devino en tecnociencia, y este desarrollo tecnológico trajo consigo la exploración de las capacidades humanas tanto creativas como destructivas. Lo sombrío de este horizonte es que la tecnología no logró ni quizás lo haga, eliminar la diferencia abismal entre los oprimidos y el opresor.

 

Naomi Arredondo Oaxaca, NO A LA MINERA de la serie Apropiación del espacio y transformación de la materia (Tapete de estambre, técnica tradicional huichol, 80 x 80 cm. México, 2012)

 

 

En la actualidad, la amenazas al bienestar de los habitantes del mundo ya no son únicamente las guerras entre los grupos gobernantes o que buscan gobernar, sino que nos enfrentamos a riesgos que hemos ido construyendo desde años atrás debido a la falta de responsabilidad en nuestras acciones y falta de conciencia sobre nuestro papel en la sociedad y en el mundo. La falta de visión sobre las consecuencias y dimensiones de nuestras “pequeñas” aportaciones a la sociedad en cada acto de nuestras vidas, generan resonancia alrededor de nosotros y eventualmente logra un impacto significativo en el desempeño y desarrollo de la sociedad y en el entorno. Ahora tenemos que lidiar con situaciones de enfermedades crónicas generadas a consecuencia de bombas que se detonaron años atrás; de desplazamientos forzados debido a la polaridad en los países y debido también al cambio climático. Y no sólo enfrentamos estas situaciones de riesgo sino que seguimos contaminando y descuidando las áreas que, abandonadas por los gobiernos, se incrementan y deterioran cada vez más rápido.

 

El silencio ya no es una opción, en su momento el silencio formó parte de muchas enseñanzas que no se podían dar a conocer abiertamente por temor a ser mal utilizadas y por temor a ser distorsionadas; hoy, es momento de hacer uso de nuestra voz y liberarnos de la opresión que llevamos desde hace siglos así como de los complejos que nos mantienen atados a ideales mediocres y hacia lo que creemos que nos define. Es momento de expresar nuevas verdades y no temerles.