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01

Marzo de 2013

Contra la academia - Decadencia académica y regeneración intelectual

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EL INTELECTUAL INSTITUCIONALMENTE LEGITIMADO

En la Nova Atlantis la comunidad de conocimiento se basa en la confianza mutua. Todos juran mantener en secreto la existencia de su institución y así salvaguardar su conocimiento. De hecho, los Padres de la Casa de Salomón deciden cuáles conocimientos se han de compartir con la sociedad y cuales no: “todos juran mantener el silencio para esconder los conocimientos que consideran necesarios esconder: aunque algunas cosas si las revelan a veces al estado, y otras veces no”.[16] Los Padres censuran el conocimiento porque temen que se abuse y acabe dañando la sociedad. En este sentido, los Padres de la Casa de Salomón son institucionalmente reconocidos como las personas más capaces de discriminar moralmente entre los efectos productivos y dañinos de la nueva ciencia inductiva con que los investigadores de la Casa de Salomón han podido comprender la naturaleza y dominarla.

 

Ahora bien, hay quienes ven en esta censura, y en el misterio que rodea la existencia misma de la isla de Bensalem, una justificación del elitismo y hasta del imperialismo.[17] La idea es que Bacon está escondiendo sus verdaderos motivos, que como un fiel representante de Inglaterra, no podrían ser sino el deseo de dominar al mundo entero. Aunque esta interpretación sí identifica correctamente la unión que establece Bacon entre el conocimiento y la expansión del dominio humano sobre la naturaleza, la censura en la isla de Bensalem sirve además otros propósitos que no están ligados a este proyecto de expansión imperial. Su fin es cuidar al mundo y a la humanidad del tipo de abuso del conocimiento que llevó al colapso de la antigua Atlantis. ¿Quién ha de guardar a los guardianes?, es una pregunta política que se resuelve en el texto de Bacon a base de la confianza mutua: se confía en que los intelectuales y científicos sabrán discriminar moralmente entre lo bueno y lo malo; de allí la autoridad moral de estos “conocedores desconocidos”.

 

Esta confianza se expresa institucionalmente en la forma de una jerarquía de funciones vis-a-vis el conocimiento y sus aplicaciones. Desde los rangos más bajos hasta los más altos, los intelectuales de la Casa de Salomón cuentan con la confianza de la sociedad a la que sirven sin recibir más recompensa que su salario: nada de ir en busca de fama, o dinero, o poder político. Lo único que importa es la solidaridad de cada uno de estos intelectuales, no sólo con los demás investigadores de la Casa de Salomón, sino con la verdad que ha de liberar a toda la humanidad de su ignorancia.

 

En contraste con esta cultura de mutua confianza que gobierna las actividades intelectuales de la Casa de Salomón, la vida intelectual en las Research Universities está gobernada por la misma lógica instrumental de una cultura administrada que ha perdido su brújula moral. La dominación científica y tecnológica de la naturaleza hoy en día sirve tanto para generar nuevas medicinas que alivian el sufrimiento humano como para generar nuevas armas de guerra y exterminio. En el sinsentido ético de esta lógica instrumental, los intelectuales son reconocidos por la cultura administrada como competentes únicamente dentro de sus campos de especialización. Esta lógica de especialización funciona como un sistema implícito de censura que reduce cada vez más el campo de actividad de los intelectuales. En semejantes condiciones, nos resulta muy difícil a los intelectuales académicos, aunque no imposible, proyectar nuestras voces más allá de los cotos vedados de nuestros campos de especialización, y expresar nuestra solidaridad con el resto de la humanidad.

 

 

EL ARTE COMO EXPRESIÓN DE LOS IDEALES ESCLARECIDOS

En los laboratorios y estudios de la Casa de Salomón se crean e inventan un sin fin de maravillas que mejoran la vida humana. La idea básica que anima esta actividad intelectual corresponde a un deseo altruista. Se trata de querer incrementar el bienestar de la humanidad. Si el conocimiento no sirve este propósito, razonan los Padres de la Casa de Salomón, lo mejor será censurarlo.

 

La expansión altruista del conocimiento se celebra en la isla de Bensalem de manera ritual. Un rito en particular que se menciona en la Nova Atlantis es la llamada Fiesta de la Familia. Esta ceremonia celebra y aclama la fecundidad. Ocurre cuando un varón ha procreado y, junto a él, viven treinta de sus descendientes. Se considera que esta reproducción incrementa tanto la prosperidad de la familia en cuestión como el bienestar de la sociedad entera. Es, por decirlo de otra manera, una prueba contundente de que el conocimiento que tienen los intelectuales que trabajan en la Casa de Salomón ha beneficiado a la sociedad.

 

Hay que ver como este espíritu altruista contrasta con el espíritu acomodado que anima una buena parte de la investigación que se lleva a cabo en las Research Universities. Sin lugar a dudas, hay muchos investigadores en estas universidades cuyos descubrimientos e inventos han contribuido al bien público. Con razón, los administradores universitarios valoran esas contribuciones y las publican. Pero también es verdad que una buena parte de los proyectos de investigación que se llevan a cabo en dichas universidades solo producen saberes que resultan cada vez más especializados y más esotéricos y más inconsecuentes cuando no del todo dañinos para el bien público. La híper-especialización del conocimiento acaba, en demasiados casos, separando a los intelectuales y científicos del resto de la humanidad. Y sus logros acaban siendo secuestrados por las entidades estatales o corporativas que financiaron el trabajo de investigación. Antes de divulgar el nuevo conocimiento y compartirlo con el resto de la humanidad, estas entidades buscarán cómo sacarle todo el provecho económico, militar, y político que puedan. Cuando estén satisfechos de que sus ingenieros ya no podrán sacarle más provecho privado, lo sueltan al ámbito público. En este sentido, nuestra cultura académica se enorgullece de crear idiotas. La palabra idiota viene del Griego. Su significado original designaba una persona pública que, en vez de dedicarse a la cosa pública, se ensimismaba y se dedicaba más bien a sus preocupaciones privadas.[18]

 

La gran mayoría del conocimiento que se genera en las Research Universities hoy en día es “arte” o “tecne” que no se enfrenta a esta reinante idiotez sino que más bien la elogia. Del mismo modo que la industria cultural está dedicada al consumismo y a la distracción, el mundo académico sirve también para distraer, tanto a los profesores como a sus estudiantes, de las verdaderas crisis políticas, económicas, sociales, y ecológicas que definen nuestra realidad histórica. En el campo de las humanidades, por ejemplo, los intelectuales se dedican a teorizar la teoría, a discurrir sobre discursos, y a perderse en los laberintos intertextuales de una posmodernidad construida a base de una textualidad meta-textual. Encerrados en el mundo ficticio y virtual de sus discusiones discursivas y textualidades intertextuales, el conocimiento esotérico que producen tiene muy poco que ver con el mundo en el que viven los demás seres humanos y casi nada que decir acerca de los poderes que administran la cultura de idiotez y egoísmo masivos que caracterizan a nuestra época. Por otra parte, en los campos técnico-científicos, los científicos e ingenieros siguen produciendo nuevas máquinas de guerra que destruyen la vida a la vez que crean una realidad mediáticamente administrada y “virtual”, un mundo ficticio dedicado al entretenimiento y el gozo, que sólo sirve para distraernos a todos de lo que verdaderamente ocurre a diario en nuestro mundo.

 

No nos ha de sorprender, por lo tanto, que el Manhattan Project –aquella empresa secreta que usó de los conocimientos y de expertos aislados los unos de los otros para inventar la primera bomba nuclear— siga siendo el modelo máximo de las Research Universities.[19] Toda la decadencia intelectual que vengo contemplando –desde la conciencia desarticulada de los investigadores financiados por los gobiernos y las corporaciones hasta la imparcialidad moral de los expertos y la distracción de intelectuales cuyo gozo les ha hundido en un pozo— es la expresión elocuente del nihilismo que corre por debajo de y carcome a los cimientos de la vida intelectual de quienes trabajamos en las Research Universities.

 

 

INSTAURATIO

¿Qué puede significar para nosotros hoy en día la idea baconiana de una Gran Instauración? Dos cosas, principalmente. Primero: restaurar la unidad de conocimiento y soberanía moral de los intelectuales y, segundo, conectar nuestro conocimiento de nuevo a la vida. Hay que recuperar los ideales universales del esclarecimiento y generar nuevos espacios para la expresión, tanto científica como artística, de una conciencia humana coherente, íntegra, y solidaria. ¿Se podrá hacer esto desde dentro de las Research Universities? ¿Será posible una reforma de la Research University? En los años 60, lo intentaron tanto marxistas como situacionistas, por decir nada de los neo-fascistas de los años 80. Y ya conocemos los resultados.[20] De allí la necesidad de crear espacios independientes, algo así como una Casa de Salomón que esté completamente desligada de todo interés gubernamental o corporativo, y donde se nos abra de nuevo la posibilidad de criticar abiertamente a esos intereses y proponer una interpretación de nuestra realidad histórica que exprese, no sólo el terror que sentimos frente a las crisis apocalípticas de nuestro momento, sino también la esperanza.

 

A comienzos del siglo veintiuno, nuestra esperanza no debe enfocarse positivamente, como la de un devoto religioso o un fanático ideológico cualquiera, que se humilla ante los poderes políticos, corporativos, o académicos en espera de una obsequia de sus líderes. Debe ser, más bien, una esperanza negativa: la esperanza de que se detenga el desorden moral que se esconde tras la cultura administrada y que genera toda la violencia que amenaza a la humanidad con guerras perpetuas, la destrucción tecno-científica del balance ecológico, y el embrutecimiento masivo de los seres humanos.

 

Para crear espacios independientes donde los intelectuales podamos expresar nuestras esperanzas históricas, es preciso llevar a cabo una crítica de las estrategias de engaño masivo y auto-engaño profesional que caracterizan a la cultura administrada que mina nuestra independencia intelectual, soberanía moral, y creatividad artística. Este aspecto negativo de la crítica de nuestra actualidad es, en parte, lo que he pretendido delinear en torno a la visión utópica que ofrece Bacon en su Nova Atlantis. Pero junto a este momento negativo, es preciso tener en cuenta el propósito de una educación esperanzadora y esclarecida: ese propósito es capacitar a los estudiantes, lectores, y demás interlocutores con quienes tengamos la oportunidad de comunicarnos a que tomen conciencia de esas estrategias de engaño y aprendan, no sólo a resistirlas, sino a superarlas y, a base de esa superación, instaurar una cultura expansiva donde la independencia intelectual, la soberanía moral, y la autonomía artística se complementen de manera coherente.

 

 

 

 



* Christopher Britt Arredondo. Escritor. Vive en la ciudad de Washington y es autor de ensayos sobre las culturas imperiales hispánicas y anglo-sajonas.

 

[1] Bacon, Francis. Nova Atlantis en Selected Writings of Francis Bacon. New York: The Modern Library, 1955, pp. 563 y 574. La traducción es mía, como también lo son todas las demás citas que se hacen aquí de la Nova Atlantis.

[2] Benda, Julien. The Treason of the Intellectuals. New Brunswick, New Jersey: Transaction Publishers, 2009, pp. 43-66.

[3] Horkheimer, Max y Adorno, Theodore. “The Culture Industry: Enlightenmnt as Mass Deception” en The Dialectic of Enlightenment: Philosophical Fragments. Stanford, CA: Stanford University Press, 1987, pp. 94-136. Wright Mills, C. “Mass Society and Liberal Education” en Power, Politics, and People: The Collected Essays of C. Wright Mills. New York: Oxford University Press, 1974, pp. 353-373.

[4]Uso el término inglés Research University porque en el mundo Hispano, tanto en España como en los países Latinoamericanos, no existe el mismo sistema de clasificación que se suele usar en los Estados Unidos donde, según los criterios de la Carnegie Classification of Institutions of Higher Learning, se suele distinguir entre universidades que están dedicadas a la investigación (Research) y aquellas que se dedican más bien a la enseñanza (Teaching Colleges). La mayoría de las universidades más prestigiosas (Harvard, Princeton, Yale, Columbia, etc.) pertenecen a la categoríaa de “Research University”. Si se fuera a aplicar este sistema a Universidades Europeas o Latinoamericanas, también figurarían como Research Universities La Sorbonne, Oxford, Cambridge, Freiburg, Marburg, la UNAM, La Universidad de los Andes, etc. Es en este sentido amplio que propongo aquí el uso de este término tan emblemático como problemático.

[5]El NEH (National Endowment for the Humanites) proporciona fondos para la investigación en las humanidades, con especial interés en la historia nacional Americana.El NEA (National Endowment for the Arts) hace lo mismo para el arte y, ante todo, los museos de arte. El NSF (National Science Foundation) proporciona fondos para la investigación científica y tecnológica, desde la medicina hasta las armas de guerra.

[6]Para una discusión lúcida de este tipo de ansiedades contemporáneas, véase el libro de John Michael Anxious Intellectuals: Academic Professionals, Public Intellectuals and Enlightenment Values. Durham, North Carolina: Duke University Press, 2000.

[7] Bacon, Ibid., p. 559.

[8]Para un análisis agudo de este fenómeno y su relación con la las Research Universities véase el libro de Roger Kimball Tenured Radicals. New York: Harper and Row, 1990.

[9] Véase en este sentido E.D. Hirsch Cultural Literacy. Boston: Houghton Mifflin Co, 1987 y también Harold Bloom The Closing of the American Mind. New York: Simon and Schuster, 1987.

[10] Véase por ejemplo el trabajo clásico de Fredric Jameson, Political Unconscious. Ithaca, New York: Cornell University Press, 1981.

[11] Bacon, Ibid. p. 557.

[12] Ibid.

[13] Ibid, p. 564.

[14] Vease en este respecto a Pierre Bordieu Homo Academicus. Stanford, CA: Stanford University Press: Stanford, CA, 1988, pp. 56-58.

[15]En el contexto Iberoamericano, las tesis históricas de Ángel Rama en su ya clásico libro La ciudad letrada son un punto de referencia elocuente. En el contexto Europeo habría que tener en cuenta pensadores como Julien Benda, Max Horkheimer, y Theodore Adorno; y en el contexto Norteamericano, el análisis que hace Lewis Mumford de la relación sicofanta que mantuvieron muchos intelectuales y científicos ante la creación de la era nuclear y su holocausto apocalíptico.

[16] Ibid., pp. 582-583.

[17]Así, por ejemplo, la lectura que avanza Eduardo Subirats enEl Continente vacío: La conquista del Nuevo Mundo y la conciencia moderna. Cali, Colombia: Universidad del Valle, 2011, pp. 426-434.

[18] Roberts, J.M. A Short History of the World. New York: Oxford University Press, 1993, pp. 104-105.

[19]Véase al respecto el análisis que hace de este proceso Luis Mumford en The Myth of the Machine. Part Two: The Pentagon of Power. New York: Columbia University Press, 1970.

[20]En este sentido resulta esclarecedor el estudio que hace Russel Jacoby del aparente fin de los intelectuales públicos en nuestros días. Véase The Last Intellectuals. New York: Basic Books, 2000, pp. 234-235.