logo-univalle
logo crisis&critica
01

Marzo de 2013

Contra la academia - Los aparatos burocráticos del latinoamericanismo norteamericano

Imprimir Descargaaumentar mermar Tamaño de la letra

En un artículo de inspirado título publicado en la revista digital Fronterad, “¿Puedo madrugarme a un narco? Posiciones críticas en la Asociación de Estudios Latinoamericanos”,[9] Alberto Moreiras diserta sobre el desempeño de la ‘industria’ de los estudios latinoamericanos en los departamentos de lengua, literatura y cultura hispánica en Estados Unidos hoy en día y habla, como es de esperar, de crisis discursiva en el campo a juzgar por el escaparate en donde muchos de estos discursos se delinean o se exhiben: la reunión anual de la asociación de estudios latinoamericanos (otro ejemplo de práctica corporativa –dicho sea de paso— dentro de las convenciones académicas ya asimiladas). El que sigue es el recorrido que traza por la historia reciente de la práctica disciplinaria del campo: “A principios de los noventa se juntaban en LASA[10] ciertas condiciones que iban a resultar muy productivas: por un lado la emergencia de una generación latinoamericanista bien formada teóricamente, cosmopolita, y apartada de las viejas piedades identitarias y excepcionalistas. (…). La caída del muro de Berlín, el desmantelamiento de la Unión Soviética y el cierre de las guerras civiles en América Central planteaban preguntas importantes y urgentes para la izquierda que imponían la necesidad de pensar nuevas respuestas. (…). Eran buenos años para el mundo académico: había mucho que pensar, como siempre hay, pero esta vez parecía que los problemas venían ya con instrucciones de pensamiento, y así teníamos una tarea concreta por hacer, y podíamos hacerla”. Por este entonces la literatura deja de tener un papel central de representación cultural y se expande significativamente el concepto de texto para englobar diversas categorías que relatan mejor la complejidad de la condición latinoamericana (biculturalismo y bilingüismo, racismo, superposición de legados culturales eurocéntricos y autóctonos, diferentes formas de transmisión de conocimiento, etc.). Se trata de lo que Moreiras describe como “los años de fundación de algo que parecía una nueva distribución del saber, un nuevo campo de lo sensible, y así nació lo que retrospectivamente puede llamarse Estudios Culturales Latinoamericanos”. Pero aquellos proyectos de los años noventa fracasaron unos tras otros, y aún acabaron enfrentando a los diferentes sectores dentro del campo, si bien a la hora del balance se podría afirmar que la crítica resulto productiva, y surgieron variadas propuestas desde ángulos marxistas, feministas, de tendencia identitaria, el testimonio, o los estudios subalternos, entre otras.

 

La discusión en y sobre América Latina a partir de la década del 2.000, sin embargo, se hizo más candente que nunca; las condiciones políticas eran en parte novedosas y propicias para el diálogo atropellado. Por un lado surge una irrupción democrática declaradamente antineoliberal en varios de los países, una tendencia a la nacionalización, una serie de gobiernos afines a la llamada revolución bolivariana (cada uno con sus peculiaridades), nuevas alianzas sur-sur para confrontar el llamado “imperialismo del norte”, un Brasil que amenaza con elevarse como potencia emergente en el hemisferio, nuevos alineamientos globales,…; por otro lado quedan las evidencias palpables de que no todos los fenómenos son nuevos: Honduras o Paraguay como paradigmas de estados democráticos que a duras penas se sostienen como tales y que en cualquier momento se convierten en títeres al servicio de la vieja oligarquía terrateniente ahora en alianza con nuevos entes del capital global, el apogeo de la industria extractiva que guarda enormes similitudes con la clásica acumulación primitiva más característica de las fases imperiales, el narco-estado mexicano que amenaza las bases mismas del poder, una frontera México-Estados Unidos cada día más porosa que va camino de alterar las bases de la sociedad norteamericana de forma radical en pocas décadas más,... Ante este panorama tan rico y diverso en lo social y lo político, en realidad, lo que está en juego es la posible constitución o reconstitución de un proyecto crítico para el campo del Latinoamericanismo que pueda aglutinar diversas tendencias teóricas, frente a una máquina de guerra institucional y burocráticamente bien pertrechada de la academia norteamericana. Se trataría no de una crítica del conocimiento sino de una ideología capaz de proponer rearticulaciones políticas e intelectuales de hondo calado, lo que algunos han comenzado a denominar, en sentido amplio, como teoría política, caracterizada por una renovada voluntad de articular un planteamiento teórico a caballo entre la exégesis política y social y la crítica del conocimiento, y en el que conceptos como el de posthegemonía figurarían en la base del nuevo entramado desde el que pensar colectivamente el campo.

 

En fases de austeridad y crisis económica como la del presente parece existir una tendencia natural, un impulso, sin duda más práctico que racional, a rememorar y añorar glorias pasadas (ya sea en la configuración de un área disciplinaria concreta o en la concepción fundamental de las bases del sistema universitario). Este impulso suele ir acompañado de un intento por recuperar lo que ya existía y funcionaba, al tiempo que se manifiesta una actitud reacia a crear algo nuevo, y un marcado negativismo frente al presente. Parece lógico, sin embargo, suponer que la crisis (económica, del sistema educativo, disciplinaria) debería servir como propulsora en busca de nuevos caminos críticos, debería propiciar una fundamentada autocrítica, y ser capaz de gestar nuevos contextos y espacios para el diálogo, desde dentro y desde afuera del sistema, desde múltiples foros, formatos y soportes. No cabe duda que la tarea se presenta difícil, se trata de un desafío ideológico importante con fuerzas de peso significativo en su contra. El periódico digital Público, recientemente publicaba un artículo titulado “El capitalismo es cada día más incompatible con la democracia”, donde dos economistas reflexionaban sobre la relación economía-educación: “En estos momentos el 1% más rico de los Estados Unidos se queda con el 75% de los ingresos. Eso da un poder tan ingente que permite disponer de medios de comunicación, de escuelas, de universidades, de intelectuales, de tertulianos, de medios de todo tipo para difundir la doctrina neoliberal. Ese bombardeo ideológico dificulta mucho la capacidad de respuesta de la ciudadanía y la difusión de discursos alternativos”.[11] Por su parte, la tradicional izquierda liberal europea parece nostálgica de otras épocas. Uno de sus representantes, el cineasta británico Ken Loach, en una entrevista reciente, acusa que hemos llegado a la época de la criminalización del activismo, y en ello ha tenido que ver el hecho de que la izquierda se ha diluido en el poder. Figuras como la de Ken Loach (que también ha dedicado parte de su filmografía a Latinoamérica, Carla’s Song (1996) y la diáspora, Bread and Roses (2000)), se sienten desubicadas; tras retratar sistemáticamente en sus producciones durante décadas las vidas de las minorías, la clase trabajadora y los marginados sociales, se encuentran en estos momentos con la evidencia de que las minorías son numéricamente las mayorías sociales indiscutibles.[12]

 

Ciertamente la era de conservadurismo y corporativismo académico que describíamos no son propicios para el diálogo crítico y es incluso posible que el Latinoamericanismo como área de estudio sufra en estos momentos, quizás más que otros campos, de una excesiva vigilancia institucional, fruto quizás de un evidente temor a los números, a las estadísticas, a la fuerza de un poder que amenaza las barreras del establishment de la sociedad norteamericana misma. Pero no cabe duda que la peor de las estrategias posibles es la del victimismo crítico, y la del negativismo. Es necesario continuar pensando con agudeza sobre los variados escenarios post (o anti) neoliberalismo en la presente coyuntura. Los escenarios ideológicos son ricos y diversos; habrá que comenzar por contribuir a un archivo común del pensamiento crítico.

 

 



* Benita Sampedro Vizcaya vive en New York y ha escrito sobre colonialismo, archivos, fronteras y ruinas.

 

[1] Sarah Kendzior, “The closing of American academia. The plight of adjunct professors highlights the end of higher education as a means to prosperity”, 20 de agosto de 2012: http://tinyurl.com/adao9ne

[2] Según Sarah Kendzior: “According to the explanation on the American Anthropological Association website , we live in a time when "the meaning and location of differences, both intellectually and morally, have been rearranged”

[3] Ver estadísticas en la página: http://www.adjunctproject.com/

[4] Para algunos, el sistema prevalente de Universidad pública, que ahora se resquebraja, data de la era de los visionarios del new deal, que lo concibieron como una de las múltiples formas de recuperación de la crisis. Según Aaron Bady, “Our public university system—which similarly crumbles—dates back to that era as well, to the energies which were released by the new deal, and by the progressive desires and ambitions that a post-war boom might have fueled but which it did not create”: http://thenewinquiry.com/blogs/zunguzungu/a-moment-of-dreaming-about-higher-education/

[5] http://junctrebellion.wordpress.com/

[6] http://www.bls.gov/ooh/Education-Training-and-Library/Postsecondary-teachers.htm

[7] Según la publicación The Chronicle of Higher Education, los salarios de los presidentes de universidad, que van desde los $1.9 millones (E. Gordon Gee de la Ohio State, en 2011) a los $4.9 millones (Constantine Papadakis de la Drexel University, en 2009), son sólo una parte de su compensación total. Los administradores de este rango recibirían además en muchos casos casa, coche, chofer, fondos discrecionales, membresía para varios clubs, y otros beneficios fiscales: http://chronicle.com/article/Executive-Compensation/129979/

[8] Michael Holquist, “Traffic in the Humanities”, Profession 2008: 7-10.

[9] http://www.fronterad.com/?q=node%2F5697

[10] LASA responde a las siglas de la organización: Latin American Studies Association.

[11] Entrevista de Jorge Otero a Vincenç Navarro y Juan Torres, 21 de octubre de 2012:http://www.publico.es/dinero/444079/el-capitalismo-es-cada-dia-mas-incompatible-con-la-democracia

[12] Entrevista de David Bollero a Ken Loach, 21 de octubre de 2012:http://www.publico.es/culturas/444171/la-izquierda-real-en-la-politica-se-ha-esfumado